Pete Hegseth y la nueva guerra de los falsos guerreros
Ser el secretario de Guerra de EE.UU. y no haber pisado el frente no es una paradoja: es el patrón. La administración Trump ha colocado al frente del Pentágono a un presentador de Fox News que nunca sirvió en combate, mientras habla de «guerreros» y «patriotas» con la misma soltura con la que un entrenador de sofá arenga desde la barrera. La discusión sobre quién es realmente un guerrero ha resurgido con fuerza, y los que sí estuvieron en el fregao, como el coronel Macgregor o el general Davis, suelen ser los menos entusiastas con la retórica belicista.
Belicoso, belicista y guerrero: tres conceptos que no son lo mismo
La RAE define «belicoso» como «guerrero, marcial» o «agresivo, pendenciero». Pero «belicista» es otra cosa: el partidario de la guerra, a menudo desde el despacho y no desde la trinchera. La confusión no es inocente. Quienes se envuelven en la bandera y exaltan la guerra suelen ser los que nunca han tenido que poner las botas en el terreno. Como apuntan varias voces del análisis geopolítico, gente como Pete Hegseth —flamante secretario de Guerra— son «belicistas», no «guerreros». Y la diferencia es abismal.
El patriota de salón y el coste real de la guerra
La imagen que circula desde CNN (29 de mayo de 2026) muestra a Hegseth con gesto marcial, pero su biografía no incluye ni un solo día de servicio en zona de conflicto. Mientras, militares veteranos como Douglas Macgregor o el generalretirado David Davis advierten contra el entusiasmo bélico: han visto de primera mano lo que significa una guerra. La paradoja es que los que más promueven la intervención exterior son los que menos riesgo asumen. «Acabarán destruyendo su propio país y encima se llaman patriotas», resumen los análisis críticos.
Guerra de guerreros o guerra de mercaderes
No es solo semántica. La distinción entre «guerrero» y «soldado» también importa. El guerrero lucha por su comunidad; el soldado obedece órdenes. Y el belicista, directamente, no lucha. La actual administración estadounidense ha llenado los puestos clave de halcones que no han visto el barro, mientras recortan derechos a los veteranos reales. Una estrategia que algunos califican de «guerra contra los guerreros»: una contradicción en toda regla.
El debate queda abierto: mientras los que nunca han empuñado un arma arengan a la guerra, los que sí lo han hecho piden cautela. La pregunta incómoda es si el Pentágono está en manos de quienes entienden el coste real de un conflicto o de quienes solo saben venderlo.
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