Recesión en EEUU: los despidos ya llegan a Alemania antes de 2025
El Nikkei abría una sesión con una caída del
5% y acumulaba un desplome del
13% en tres días. Al otro lado del Pacífico, los datos de empleo de Estados Unidos decepcionaban y la Reserva Federal preparaba un recorte de tipos que, lejos de calmar a los mercados, se leía como una confesión de urgencia. Nadie compra ya el relato del aterrizaje suave.
El diagnóstico que se repite es contundente: la gran crisis económica de esta década ya ha empezado en EEUU y llegará a Europa con el retraso de siempre. El escenario base incluye
al menos dos años de ajuste duro y cifras de paro comparables a las de 2008-2012, eso sí, maquilladas por el camino.
Los despidos que empezaron en EEUU ya cruzan el Atlántico
Los despidos masivos dejaron de ser cosa del sector tecnológico. Se extienden ya por prácticamente todos los sectores y se combinan con una oleada de contratación en América Latina e India que abarata costes y vacía las plantillas en origen. La secuencia se repite: primero EEUU, después Alemania.
Ese trasvase de empleo explica por qué una parte del análisis no se fía de las cifras oficiales. El argumento que más circula es que los datos de paro son peores de lo que dicen las estadísticas y que el calendario electoral empuja a retrasar los malos anuncios. Mientras tanto, hay empresas publicando
vacantes fantasma para aparentar actividad y no asustar a los inversores.
¿Por qué la bajada de tipos de la FED no frena la recesión?
Porque llega tarde y con el crédito ya caro. La lectura dominante es que la Reserva Federal ha tensado la cuerda durante demasiado tiempo y ha dejado que se acumule deuda tóxica en empresas y Estados que no pueden asumir el encarecimiento de la financiación. Cuando eso pasa, el impago deja de ser una posibilidad y pasa a ser cuestión de calendario.
Hay una corriente que va más allá y sostiene que la propia rebaja de tipos es la prueba de que nadie sabe qué hacer. La versión más cínica es que los bancos centrales han descubierto que pueden imprimir sin consecuencias aparentes y que, al primer atisbo de recesión, encenderán las impresoras. Si no lo han hecho todavía en EEUU, se argumenta, es para no dañar al gobierno saliente en plenas elecciones.
Otra vez la impresora como salvavidas.
España: empleo público al alza y despidos récord en el sector privado
Aquí el mecanismo es distinto y a la vez idéntico. Se sostiene que el empleo creado es fundamentalmente público mientras el sector privado destruye puestos a un ritmo que no se veía desde hace años, y que el gasto público se usa para maquillar el resultado final. La Sanidad, las paguicas y la administración engordan la foto mientras la industria se apaga.
El problema llega en 2025, cuando se espera un año de austeridad y control del gasto. Sin dinero para seguir contratando en el sector público, el colchón desaparece y los despidos privados quedan a la vista. A eso se suma el golpe exterior: si EEUU entra en recesión, las exportaciones europeas se hunden con él.
Oro, bitcoin y dónde refugiarse en una crisis
El oro seguiría subiendo, según esta lectura, porque es el refugio clásico cuando todo lo demás tiembla. El bitcoin, en cambio, no ejerce de valor refugio: correlaciona con las bolsas y cae cuando ellas caen. La prueba que se cita es la del lunes negro de agosto, cuando los activos de riesgo se desplomaron a la vez.
Con la producción parada en EEUU y en Europa, y con los mercados de deuda sostenidos solo por la expectativa de más estímulos, la pregunta no es dónde ganar, sino dónde no perder.
Y ahí el menú se estrecha bastante.
La secuencia prevista: Irán, petróleo y subida de tipos del BCE
El guion que se maneja tiene pasos concretos: guerra abierta con Irán, petróleo en máximos históricos, inflación disparada en la zona euro, un BCE forzado a subir tipos a finales de 2024 para contenerla y, como consecuencia, una cadena de impagos que se extenderá por Europa a lo largo de 2025. No es una predicción cómoda, es la que más se repite.
En paralelo se especula con el cierre de la guerra de Ucrania dejando el país troceado y con la apertura de un nuevo frente entre Israel, Líbano e Irán. Los escenarios más duros hablan de al menos cinco años oscuros, de 2025 a 2030, con China saltando también por los aires.
¿Cuánto puede durar esta vez?
Hay quien recuerda que en España la crisis no es un acontecimiento, sino una condición permanente: precios y salarios que llevan tres décadas descuadrados. Desde esa lógica, el español medio ya no tiene nada que perder y la palabra crisis le resbala. Otros añaden un matiz incómodo: que el dinero impreso desde 2008 nunca llegó a la economía productiva, se quedó en bolsa y en deuda, y cuando esas burbujas revienten arrastrarán también a los Estados.
Frente a tanto apocalipsis, quedan los que creen que no pasará nada de golpe. Que sacarán conejos de la chistera una vez más y que la pobreza llegará a cámara lenta, en oleadas, sin que casi nadie se entere. Puede discutirse el ritmo. Lo que no discute nadie es la dirección.
Y luego está el dato que descoloca: mientras unos calculan cuántos años de ajuste vienen, hay quien celebra un
80% de ocupación hotelera en Asturias y Andalucía como si fuera un gran éxito. Es la medida exacta de dónde está la conversación y de dónde cree el relato oficial que tiene que estar.