¿Por qué la cesta de la compra se ha disparado en España? La gráfica que circula estos días muestra una subida que muchos califican de aterradora, con incrementos que en algunos casos superan el 100% en pocos años.
Detrás de esa curva vertical hay un cóctel de causas que los análisis desglosan con sorprendente precisión. El factor dominante es la energía: electricidad, gasóleo, gas y transporte acumulan entre un 25% y un 35% de la responsabilidad, según una estimación basada en datos de organismos internacionales. Le siguen los fertilizantes y materias primas agrícolas (15-25%), el cambio climático con sus sequías y olas de calor (15-20%), y las disrupciones geopolíticas, sobre todo la guerra de Ucrania (10-20%).
El punto de inflexión: 2022 y la guerra energética
Aunque algunos señalan que la tendencia alcista empezó en junio de 2021, cuando la UE modificó el sistema de subasta de electricidad para favorecer las renovables y penalizar las contaminantes, el gran salto se produce con la invasión rusa de Ucrania y la posterior decisión europea de no comprar gas a Rusia. La especulación financiera con los futuros del gas hizo el resto. El coste de los fertilizantes, intensivos en gas, se disparó y arrastró a toda la cadena alimentaria.
El debate sobre el clima y la producción
Una corriente apunta a que la subida fuerte aún no ha empezado: la agricultura se enfrenta a la desaparición de las estaciones, la tensión hídrica en los regadíos y el colapso de ecosistemas. Enfrente, otros sostienen que la productividad agrícola global no ha dejado de crecer —los datos de la FAO muestran una producción mundial de cultivos al alza en los últimos 20 años— y que el verdadero problema es la concentración de la distribución en grandes empresas que marcan precios al alza.
El impacto real en el bolsillo
Mientras la inflación general se maquilla con un IPC contenido, la cesta de la compra ha acumulado subidas muy por encima de ese indicador. Un dato recurrente en el análisis es que los precios de los alimentos han subido más en los últimos cuatro años que en los veinte anteriores. La pérdida de poder adquisitivo es real, y el efecto sobre el consumo de productos frescos y básicos comienza a notarse.
Con estos mimbres, el panorama a corto plazo no invita al optimismo. La próxima campaña de siembra se enfrenta a la incertidumbre sobre el suministro de fertilizantes, y el factor climático promete empeorar. La gráfica, efectivamente, da miedo.
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