Massachusetts firma la ley que despenaliza el aborto hasta el nacimiento
Una firma en Massachusetts ha vuelto a partir el mapa político estadounidense. La gobernadora Maura Healey ha rubricado una ley que elimina el límite de gestación para abortar, con el aplauso cerrado de los demócratas. El texto, presentado como un avance en salud reproductiva, deja al estado a la cabeza de una lista que no deja de crecer.
La discusión se ha atrincherado en un punto: las 26 semanas. Hay quien sostiene que no hay una diferencia clara entre abortar justo antes o justo después de esa frontera; en el extremo opuesto, la oposición más dura recurre al lenguaje apocalíptico, con acusaciones de «satanismo» y «sacrificios humanos». Entre ambos polos, el tono se ha alejado de la medicina y ha entrado de lleno en la metáfora.
Alguna comparación ha llegado incluso desde el mundo rural: la del animal enfermo que se sacrifica para evitarle sufrimiento. Una analogía tan provocadora como antigua, que no contribuye a rebajar la tensión. Tampoco ayuda el sarcasmo de quien propone ampliar aún más la edad del aborto para incluir a las propias críticas.
Más allá de las hipérboles, la ley es un hecho consumado. Sus defensores la presentan como una protección de la autonomía de la mujer; sus detractores, como una línea roja que no debía cruzarse. Lo curioso es que el término medio ha quedado desierto: entre las 26 semanas y el nacimiento, la frontera se difumina, y sin embargo la discusión se ha congelado en dos trincheras que no se escuchan. Los demócratas han ganado esta batalla legislativa. La polarización, a la vista, no tiene fecha de caducidad.