La fórmula para la izquierda

La fórmula para la izquierda
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La izquierda puede concurrir dividida y aun así sumar mayoría si respeta tres condiciones: que nadie pierda sus siglas, que nadie pierda sus escaños y que nadie renuncie a un programa de mínimos. La clave está en cómo se define la circunscripción electoral.

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La izquierda puede concurrir dividida y aun así sumar mayoría si respeta tres condiciones: que nadie pierda sus siglas, que nadie pierda sus escaños y que nadie renuncie a un programa de mínimos. La clave está en cómo se define la circunscripción electoral.

La fractura entre Sumar y Podemos ha dejado una legislatura con una aritmética más ajustada que la anterior. No es un accidente nuevo: la división en la izquierda es crónica. Detrás de los choques personales hay tres razones que se repiten y que explican casi todo. Quien quiera entender por qué no convergen, empiece por ahí.

Tres cosas que nadie quiere soltar

Todo partido quiere mantener su marca. Es lógico. Quedar bajo un paraguas que sujeta otro te puede calar cuando se tuerce el tiempo, y en política el tiempo se tuerce a menudo. La marca es lo que te identifica ante tu electorado y lo que te permite sobrevivir cuando el ciclo cambia.

Todo partido quiere mantener sus sillones. También es lógico, para eso está la marca. En este mundo, la política y la exposición pública no maridan bien con el mundo laboral: salir de un escaño no es como cambiar de oficina. A veces el problema es el contrario, un exceso de complicidad que difumina quién es quién.

Y todo partido quiere aplicar su programa, o al menos sus medidas concretas. Para eso sirven los sillones, no solo para no volver a la oficina. La hemeroteca pesa: lo que uno firmó ayer condiciona lo que puede defender mañana.

Estos tres presupuestos son ciertos y no son difíciles de identificar. El problema no es entenderlos, es elevarlos por encima de las rencillas personales.

La lógica electoral que empuja a la confluencia

Si se aceptan esas tres condiciones, la estrategia que maximiza resultados se desprende por pura lógica. Dado el funcionamiento del sistema electoral español, hay una combinación que permite a todos mantener sus siglas en la papeleta y, a la vez, englobarse dentro de una coalición.

La idea es sencilla: según el sistema electoral, los votos que superan el cupo necesario para cubrir un escaño se pierden. A los partidos grandes les afecta mucho menos, pero en los últimos tiempos el Parlamento se decide por unos pocos diputados, incluso para formar gobierno. Cada voto que se queda sin traducirse en escaño es un voto que no cuenta para la mayoría.

De ahí que la sinergia entre nacionalismos progresistas e izquierdas, con una fórmula que respete las tres condiciones, aporte una mejor aritmética parlamentaria. No es una idea final cerrada, es una noción: una forma de organizar la oferta electoral para que la fragmentación no penalice permanentemente al bloque.

El artículo 68 y el truco de la circunscripción

La Constitución dice en su artículo 68 que la circunscripción es la provincia. Esa frase lapidaria limita mucho el juego. Pero no todo está cerrado.

Cambiar los atributos de lo que denominamos circunscripción es potestad del legislador, y se regula mediante ley. No sería un cambio constitucional en sentido estricto, aunque requeriría una reforma legal y, previsiblemente, una denuncia ante el Tribunal Constitucional. Camino hay.

La paradoja es que la propia Constitución recoge el principio de igualdad en el sufragio. Según cómo se defina la circunscripción, ese principio se cumple mejor o peor. Una circunscripción única lo cumpliría más, pero también hay margen para ajustes intermedios que reduzcan la pérdida de votos sin tocar el texto constitucional.

Con el estado actual de las cosas, si se hace bien, hay más que ganar que perder. Y si sale bien, el problema pasa a ser el de los otros sillones, que es un buen problema.

Primarias abiertas y el dilema del ego

Podemos propone primarias abiertas. Sumar, rebautizado como Frente Amplio, busca su propio terreno. Cada uno juega donde le favorece, a veces a costa del resultado global. La teoría de juegos va de eso: de los equilibrios entre el beneficio individual y el colectivo. La moraleja es que para obtener el mejor resultado para todos hay que dejar el ego a un lado.

La afirmación de que la confluencia de nacionalismos progresistas e izquierdas arroja mejor aritmética no es menos cierta para el Partido Socialista. Pero eso ya son palabras mayores, aunque al final se vote en bloque las medidas. Es el guardar las apariencias, y en parte se entiende. Lo que no se entiende es dejar de gobernar a otros cuando existen fórmulas, no ya para evitarlo, sino para que la expresión democrática no se vea erosionada por una interpretación del marco político de otra época.

La audacia de Pedro Sánchez para leer el momento es innegable. El trabajo de comunicación sostenido durante años ha rendido sus réditos. La fórmula está ahí, más como noción que como solución cerrada. Tal vez aún no sea su momento, pero no se ve otra. Las fechas se acercan y vienen días interesantes.

Datos clave
  • La fractura entre Sumar y Podemos ha dejado una legislatura con aritmética más ajustada que la anterior.
  • El artículo 68 de la Constitución establece que la circunscripción es la provincia.
  • Cambiar los atributos de la circunscripción es potestad del legislador mediante ley, no requiere reforma constitucional.
  • Según el sistema electoral, los votos que superan el cupo para cubrir un escaño se pierden.
  • Podemos propone primarias abiertas; Sumar se rebautiza como Frente Amplio.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

drojadisto

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No hace demasiado Rufián dio un paso adelante y mando algunos mensajes bastante claros. Pablo Iglesias no parece verlo de una manera tan distinta. Lo cierto es que la fractura Sumar-Podemos ha dejado una legislatura como una aritmética si cabe más ajustada que la anterior.

La división en la izquierda es crónica, tampoco la acaban de inventar hace dos días. ¿Las razones? Pues más allá de la infinidad de accidentes personales que marcan cualquier actividad humana, y que dictan afinidades y renuencias, no son muchas. No son difíciles de identificar ni deberían ser difíciles de resolver.

*Todos quieren mantener su marca, naturalmente. Porque quedar bajo un paraguas que sujeta otro te puede puede calar bien si se tuerce el tiempo.

*Todos quieren mantener su sillones, y es natural, para eso es la marca. Y no nos engañemos, en este mundo la política y la exposición pública no acaba de maridar bien con el mundo laboral. Otras veces es peor el exceso de complicidad.

*Y finalmente, todos quieren aplicar su programa. O sus medidas o decisiones, para ser más precisos, para los que tengan un poco de memoria para la hemeroteca. Porque al final es para eso para lo sirven los sillones, no sólo para no tener que ir a la oficina.

Si estos tres presupuestos son ciertos y son capaces de elevarse por encima de las rencillas personales, dado el funcionamiento del sistema electoral español, la estrategia que maximiza resultados (porque al final la política es parecida a la forma en que entendía el fútbol Luis Aragonés) se desprende por pura lógica.

Si hay suficientes elementos para constituir un programa común de mínimos, seguramente en torno al tema de la vivienda, es posible crear una coalición de bloques respetando las condiciones de partida:

Que nadie tenga que renunciar a sus siglas ni al liderazgo de su bloque.

Que nadie tenga que renunciar a los escaños que proporcionen sus votos.

Que nadie tenga que renunciar a un programa que pueda refrendar con convicción, basado en denominadores comunes.

Para ello hay que mirar con lupa la ley electoral y buscar la combinación que permita a todos mantener siglas en la papeletas a la vez que englobarse dentro de esa coalición.

A pesar de las limitaciones que impone las constitución en su artículo 68, ese lapidario “la circunscripción es la provincia”, la sinergia que señalaba Rufián entre nacionalismos pogre (o no regresivos) e izquierdas, con la fórmula propuesta, aporta una mejor aritmética parlamentaria.

Y ya no te digo si fuera circunscripción única, claro que para eso, dicen, habría que cambiar la constitución. No es del todo cierto. Bastaría en realidad con cambiar los atributos de lo que denominamos “circunscripción”, algo que es potestad del legislador y que mediante ley se regula.

No sin la preceptiva denuncia ante el constitucional, por supuesto. Pero camino, hay.

Porque al final es la propia Constitución la que, en aparente contradicción, recoge el principio de igualdad en el sufragio. Según se defina la circunscripción.

Y también hay camino para no volver a repetir resultados permanentemente penalizados por la fragmentación. Y quizás hallarse en posición de reformar esa ley electoral para hacerla más ajustada al espíritu de igualdad de sufragio.

Aún con el estado actual de la cosas, si se hace bien, hay mucho más a ganar que a perder, y supongo que algo así llevaría en la cabeza Rufián cuando se ofreció, siendo quizás el capital político más transversal de la izquierda. Tal vez haya llegado el momento de tomarle la palabra, aunque parece que a estas alturas es un pequeño dilema. O ningún dilema, quién sabe.

Aunque lo cierto es que no parece que nadie haya recogido ese guante, por más que la idea es sencilla: según el sistema electoral, los votos más allá del cupo para cubrir un escaño, se pierden.

A los partidos grandes les afecta mucho menos, pero en los últimos tiempos vemos en el parlamento equilibrios de unos pocos fruta hasta para la propia formación de gobierno.

Bueno, tal vez Sumar, rebautizado como “Frente Amplio”, ya con Yolanda a un lado que no pudo cumplir las expectativas generadas. Aunque con su fórmula actual parece que no tan amplio como nos gustaría a algunos. Podemos dice: primarias abiertas. Todos buscan el terreno que les es más propicio, a veces incluso a costa de los resultados globales.

La teoría de juegos va un poco de eso, de los diferentes equilibrios entre el beneficio individual y colectivo. Y la sarracena es que para obtener el mejor resultado para todos, toca dejar el ego a un lado. Porque si la afirmación de que la confluencia de nacionalismos pogre e izquierdas arroja mejor aritmética, no es menos cierto para el partido socialista.

Pero eso ya son palabras mayores, por más que al final se vote en bloque las medidas. Es ese guardar las apariencias, y se entiende, en parte. Lo que no se entiende es dejar de gobernar a otros cuando existen fórmulas, no ya para evitarlo, sino para que la expresión democrática no se vea erosionada por una interpretación del marco político de otra época.

Y si sale bien, luego el problema es de los otros sillones, pero bendito problema.

La audacia se Sánchez para leer el momento me parece innegable, la tercera ya no puede ser casualidad. El trabajo de hormiguita de la comunicación que lleva haciendo Rufián durante años para mí ha rendido sus réditos, aunque sea a precio de llevarse una impresora debajo del brazo al Congreso.

La fórmula está ahí, más que como idea final como noción. Tal vez aún no sea su momento, pero no veo otra. Y a partir de ahora las fechas van rápido: 14 y 15 propone Podemos primarias abiertas, el 16 se cierra el plazo de inscripción, el 17 Sumar, reconvertido en Frente Amplio presenta a su candidato… Bueno, las fechas me las ha pasado la IA, disculpas si patino, pero parece que vienen días interesantes.
 

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