Los Kretz y el barrio de Salamanca a 35.000€ el metro
Madrid se ha convertido, en el relato que repiten las páginas salmón, en la primera ciudad europea por inversión inmobiliaria. El símbolo de esa historia tiene nombre y apellidos: Louis y Raphaël Kretz, dos inversores franceses que manejan centenares de propiedades en España y que reciben a la prensa en una casa de 15 millones de euros, de estética racionalista, ventanales de más de tres metros y una escultura gigante en el jardín. La cifra que cierra el argumento es otra: el metro cuadrado en el Barrio de Salamanca llega ya a 35.000 euros.
De qué hablamos cuando decimos «inversión»
La primera grieta del relato es semántica. A una vivienda se le llama inversión y, de golpe, deja de regirse por las reglas de la vivienda. Hay quien sostiene que, si un piso es un activo financiero, debería soportar lo que soportan los activos: ningún rescate, los mismos test de solvencia y los mismos límites de apalancamiento que se exigen a cualquier otro vehículo, y un supervisor que mire el ladrillo como mira un fondo. El contraargumento es que el comprador final no es un fondo, sino una familia, extranjera o no, y que sin ese capital el mercado se secaría. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez.
Con un salario neto de 3.000 o 4.000 euros al mes ya se está fuera del mercado del centro. No en el margen del cálculo: fuera.
Quién está comprando el centro de Madrid
La presión extranjera en el centro ya no es una hipótesis de tertulia. Se citan dos perfiles. El primero, profesionales llegados de Estados Unidos y del norte de Europa con ingresos de unos 6.000 dólares mensuales, para quienes un alquiler de 1.500 euros resulta una ganga frente a Nueva York, Londres o Roma. El segundo, compradores de capital latinoamericano, en algunos casos de origen opaco, sobre los que circula mucho más rumor que expediente: las sospechas se formulan en conversaciones inmobiliarias, no en resoluciones.
El efecto sobre el residente se mide en porteros de finca. En las calles nobles —Serrano, Puerta de Alcalá, el entorno del Retiro— la propiedad ha ido cambiando de manos y cada vez menos dueños son españoles, según la versión que se repite en la zona. La inversión extranjera explica el precio y a la vez lo justifica; el salario español explica la demanda y a la vez la vuelve irrelevante.
En ese punto, exactamente ahí, el análisis se atasca. Nadie tiene un mecanismo que devuelva el centro a quien trabaja en él sin desmontar lo que lo ha hecho atractivo.