Canarias: la mitad de los menores migrantes ya son adultos
El informe de la misión que viajó a El Hierro ha puesto cifras sobre la mesa: de los 1.500 clasificados como menores, la mitad supera la mayoría de edad. El dato, que la Eurocámara presentaba como hallazgo, lleva años a la vista de cualquiera que mire una patera. Y junto a él, otro que no es nuevo: Rabat rechaza de forma sistemática el 92% de las repatriaciones que inicia España, según el acuerdo de readmisión que teóricamente sigue vigente.
El patrón no es casual. Marruecos acepta de vuelta a ocho de cada cien expedientes, lo que en la práctica significa quedarse con casi todos. La cifra convierte el protocolo en papel mojado y deja a las islas con una presión migratoria que no depende de lo que decida Madrid, sino de lo que tolere Rabat. Hay quien lo resume con una frase que circula: no se podía saber.
Qué dice el informe sobre El Hierro y los 1.500 menores
La misión europea que visitó El Hierro realizó pruebas a 1.500 personas clasificadas como menores. El resultado, según el material difundido, es que la mitad son adultos. En una isla de 11.500 habitantes, hablamos de un volumen que altera cualquier cálculo de plazas, personal y recursos.
El dato descoloca porque cuestiona el filtro previo. Si la mitad de los que entran como menores no lo son, el sistema de acogida asume una carga que no le corresponde y las comunidades autónomas reclaman competencias que no pueden ejercer. La pregunta obvia —quién certifica la edad y con qué método— sigue sin respuesta clara.
Marruecos rechaza el 92% de las devoluciones: qué implica
El 92% de las repatriaciones iniciadas por España no prosperan. Rabat las rechaza de manera sistemática, lo que supone incumplir el acuerdo de readmisión firmado en su día. La consecuencia práctica es que España puede tramitar expedientes, pero no ejecutarlos.
Hay quien sostiene que este porcentaje revela que Marruecos usa la migración como palanca diplomática. En contra pesa el argumento de que el país vecino tampoco tiene incentivos para readmitir a personas que ya han salido de su territorio. Lo cierto es que la tasa de aceptación se ha convertido en el indicador real de la relación bilateral, por encima de los comunicados oficiales.
Quién paga la factura: fondos europeos y acogida
La UE destina cada año millones a Marruecos con el objetivo declarado de frenar la inmigración. El destino real de ese dinero es una de las preguntas que sobrevuelan el asunto. Hay quien afirma que parte se emplea en alimentar y dar cobijo a personas que esperan su turno para saltar la valla o subirse a una patera hacia Canarias.
La sospecha no está verificada, pero el patrón encaja con la tasa de rechazo del 92%. Si el país que recibe fondos para contener el flujo no readmite a los que salen, el incentivo económico apunta en dirección contraria a la que se anuncia.
El perfil de los que llegan y el debate sobre la edad
Los datos disponibles apuntan a un perfil muy concreto: varones jóvenes, muchos con edades declaradas que no se corresponden con las reales. La anécdota del Mundial sub-20 de atletismo en Finlandia, donde la ficha de una atleta etíope la situaba por debajo de los 17 años, sirve de espejo: la verificación de edad es un problema global, no solo canario.
Se argumenta que Marruecos incentiva la salida de enfermos psiquiátricos y expresidiarios hacia Europa para ahorrarse costes. No hay confirmación oficial, pero la mezcla de perfiles complica cualquier política de retorno y explica por qué los expedientes se acumulan.
El pulso político: quién asume la responsabilidad
El reparto de culpas está servido. Una corriente defiende que la solución pasa por regularizar y no repatriar; otra sostiene que sin control de fronteras no hay política migratoria posible. En medio, la Eurocámara descubre lo que los ayuntamientos llevan años denunciando.
La ironía es que el hallazgo no cambia nada. Las decisiones siguen bloqueadas, los fondos siguen fluyendo y las islas siguen esperando. El dato que descoloca no es el 92% ni la mitad de adultos: es que, con todo sobre la mesa, nadie haya movido un expediente más rápido.