La solar supera al carbón en la UE y el debate se atasca en la factura
La
energía solar ha superado al carbón como fuente de generación eléctrica en la Unión Europea, según se afirma en el debate. Hace una década, un titular así habría sonado a propaganda de ecologistas con huerto urbano. Hoy es el punto de partida de una discusión que, en cuanto se rasca un poco, deja de ser sobre paneles y pasa a ser sobre quién paga la fiesta. Porque el dato es incontestable y, a la vez, insuficiente: la solar genera más, pero el sistema eléctrico sigue necesitando respaldo cuando no hay sol. Y ahí empieza el problema.
¿Por qué la solar supera al carbón si el carbón no está prohibido?
Lo primero que conviene aclarar es que el carbón no está prohibido en Europa. Se sigue quemando, y en cantidades notables. La razón de que la solar lo adelante no es una norma que lo destierre, sino una cuestión de costes y de despliegue masivo. La fotovoltaica se ha instalado a un ritmo que hace diez años resultaba impensable, y eso la coloca por delante en el cómputo anual aunque su rendimiento real esté muy por debajo de su capacidad nominal.
Ahí está el matiz que muchos pasan por alto: una planta solar trabaja a una fracción de su potencia instalada. Para obtener un gigavatio efectivo hay que instalar cuatro o cinco. Y ese gigavatio llega cuando la naturaleza quiere, no cuando la demanda aprieta.
El sol no ficha.
El respaldo: la factura que nadie quiere mirar
El argumento más repetido en contra del entusiasmo renovable es el del respaldo. Si se eliminan la nuclear, el carbón y el gas de la ecuación, hay que sostener el sistema con baterías, bombeo de agua o producción de hidrógeno. Y ahí los costes cambian bastante. No es lo mismo comparar el precio del megavatio generado que el del megavatio disponible a las tres de la mañana de un día de enero.
La nuclear también necesita respaldo, se responde desde el otro lado. Apagarla todas las semanas no es una opción. El cálculo completo, desglosado fuente a fuente y con los gastos totales sin subvención, da resultados que sorprenden a quien solo mira el precio del kilovatio hora en la factura.
¿Cuánto contamina fabricar un panel solar?
La pregunta clásica: ¿un panel produce en su vida útil más energía de la que costó fabricarlo? La respuesta que circula en los análisis técnicos es que sí, y con margen. Un panel rinde a lo largo de sus décadas de servicio bastante más de lo que consumió su fabricación, y el mismo principio se aplica a los aerogeneradores.
La comparación que se maneja es contundente: se puede gastar una tonelada de carbón en producir paneles y aerogeneradores que generarán la electricidad de cien toneladas de carbón. No es lo mismo quemar una que quemar cien. El matiz, eso sí, es que la fabricación se concentra en países que queman carbón para hacerlo.
La industria europea y el cuento de la desindustrialización
El otro gran frente del asunto es económico. Se repite que la industria ha huido de Europa y que la culpa es de la política energética. Los datos que se manejan apuntan a otra cosa: la producción europea de acero se sitúa en torno a once mil millones de toneladas frente a un consumo medio de trece mil desde los años noventa. La caída existe, pero es menos dramática de lo que sugiere el relato.
En España, la participación industrial en el producto interior bruto ha pasado de unos 25.000 millones a superar los 45.000 millones. Nunca ha habido tanta industria. Otra cosa es que el consumo eléctrico total haya bajado, con más población y más turistas que hace dos décadas. Ese dato descoloca a propios y extraños, y admite varias lecturas.
El coche eléctrico y la demanda que no llega
La electrificación del transporte avanza más despacio de lo prometido. En España, los eléctricos representan el 7,64% de las ventas. En Estados Unidos, tres de cada diez conductores de eléctricos volverían a comprar un gasolina; cuatro de cada diez, según otras encuestas. El resto del mundo no parece electrificarse al ritmo que exigen los calendarios europeos.
Mientras tanto, los centros de datos de inteligencia artificial devoran energía a un ritmo que nadie había previsto. La paradoja es fina: se instalan paneles por todas partes y la demanda industrial se estanca o cae. Alguien tendrá que explicar qué pasa con la factura.
El sistema eléctrico español ha tenido que interrumpir industria varias veces en los últimos años por problemas de gestión de la red, algo que no ocurría antes. Con la capacidad instalada multiplicada y el consumo en niveles de hace dos décadas, la pregunta no es si la solar supera al carbón. La pregunta es quién asume el coste de tener un sistema preparado para el peor día del año y barato el resto.