De Duccio a Rubens: cómo cambió la Cena de Emaús en la pintura
La escena de la Cena de Emaús, ese momento en que Jesús resucitado se revela partiendo el pan, ha sido representada por los grandes maestros europeos durante más de tres siglos. Desde la teología visual de Duccio hasta el dinamismo de Rubens, cada artista abordó el episodio con la mentalidad de su época.
Del fondo dorado a la taberna
Duccio (1308-1311) inscribe la escena en un fondo dorado, símbolo de lo ultraterreno. Dos siglos después, Pontormo (1525) la convierte en un psicodrama manierista, con el ojo de la Providencia acechando. Tiziano (1535) aporta el realismo veneciano, con un criado y un perro. Tintoretto (1542) baja la escena a una taberna, con un gato y luz natural.
El ágape aristocrático y el barroco
Veronese (1559) convierte la cena en un ágape aristocrático, con más de una docena de comensales y perros mimados. Rubens (1611 y 1638) cierra el ciclo con pintura barroca, llena de movimiento y detalles cotidianos.
Un dato curioso: en casi todas las versiones aparece un perro o un gato, como recordatorio de que lo sagrado también ocurre entre lo mundano. El viaje desde el altar portátil de Duccio hasta el palacio de Veronese y el movimiento de Rubens muestra cómo el arte fue secularizando un milagro, sin perder su capacidad de asombro.