La Casa Blanca exige a Sánchez el 5% del PIB en defensa y España se niega
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó este jueves que la administración estadounidense mantiene su exigencia de que todos los países de la OTAN, España incluida, destinen un 5% de su PIB a gasto militar. La respuesta llegó después de que Pedro Sánchez comunicara al secretario general de la alianza el rechazo de España a comprometerse con un nuevo aumento del gasto en defensa. «Quiere que todos los países europeos paguen su parte justa y alcancen ese umbral del 5%», declaró Leavitt en rueda de prensa.
El choque entre Washington y Madrid abre un frente que va mucho más allá de la OTAN.
Un forero calcula que el 5% del PIB español en defensa equivaldría a unos 100.000 millones de dólares, una cifra que en el debate del foro se traduce en una pregunta incómoda: de dónde sale ese dinero sin desmontar el Estado del bienestar.
Qué significa destinar el 5% del PIB a defensa
La propuesta estadounidense multiplica por más de dos el compromiso actual del 2% que España y la mayoría de socios europeos incumplen de forma sistemática. El cálculo que circula en el foro es contundente:
pasar del 2% al 5% del PIB supone triplicar el esfuerzo presupuestario en un país que ya arrastra déficit estructural.
Hay quien sostiene que la exigencia es una forma de presión comercial disfrazada de seguridad colectiva. La compra de armamento se canaliza casi siempre a través de contratistas estadounidenses, de modo que el dinero europeo acaba financiando la industria de defensa del socio que pone la condición.
Un impuesto del imperio, lo llaman algunos foreros.
La alternativa que se plantea desde el ámbito europeo es desarrollar capacidad propia: misiles de crucero, cazas, fragatas.
Europa produce material de defensa de primer nivel, pero el ecosistema industrial está fragmentado y los pedidos tardan años en materializarse.
De dónde saldría el dinero para el gasto militar
La pregunta que nadie responde con claridad es de qué partida se detrae el gasto. Las propuestas que circulan en el foro apuntan a recortar subvenciones a organizaciones, reducir estructuras administrativas duplicadas y revisar el gasto en programas considerados prescindibles.
El problema es que ninguna de esas partidas suma los
más de 60.000 millones de euros anuales adicionales que exigiría el salto al 5%. Con las cuentas públicas tensionadas por el envejecimiento demográfico y la presión sobre el gasto sanitario, el margen de maniobra es prácticamente nulo.
Una de las paradojas que se señalan es que
España ya alberga instalaciones militares estadounidenses en Rota y Morón, además de la presencia británica en Gibraltar. Sumando el valor estratégico de esas bases, algunos foreros sostienen que España ya aporta una parte sustancial de su contribución en especie, no en efectivo.
La respuesta política: silencio y cálculo electoral
El rechazo de Sánchez a comprometerse con el nuevo umbral se interpreta en clave interna.
La oposición al gasto militar tiene recorrido electoral en España, y más en un contexto de desgaste por los casos judiciales que afectan al partido gobernante.
Hay quien sostiene que el presidente busca un choque con Washington que le permita exhibir firmeza ante su electorado. Otros análisis apuntan a lo contrario: que el silencio calculado y la ausencia de declaraciones públicas buscan no desgastarse en un asunto que no controla.
El detalle que descoloca es que
otros países de la OTAN han adoptado la misma posición que España, pero sin el ruido mediático. Eslovaquia, por ejemplo, ha expresado una resistencia similar al nuevo objetivo de gasto. La diferencia es que Madrid lo ha convertido en un pulso público.
Marruecos, el factor que nadie menciona en la OTAN
El análisis geopolítico del asunto introduce una variable que la OTAN no aborda:
Estados Unidos vende armamento a Marruecos, el principal socio estratégico de Washington en el norte de África y, al mismo tiempo, el país con reclamaciones territoriales sobre Ceuta, Melilla y Canarias.
La contradicción es evidente. Si el enemigo potencial en el flanco sur está equipado con material estadounidense, la lógica de la defensa colectiva se rompe.
La OTAN ya tiene la excusa perfecta para no hacer nada si España no cumple, señalan algunos foreros.
El escenario que se plantea es el de una presión migratoria y territorial sostenida sobre las fronteras españolas mientras los recursos se desvían a comprar aviones de combate para un conflicto en el este de Europa que no afecta directamente a España.
El coste real de salir de la OTAN
La hipótesis de abandonar la alianza, que se plantea con creciente frecuencia en el foro, tiene un coste que rara vez se cuantifica.
Las bases de Rota y Morón generan empleo directo e indirecto en sus zonas de influencia, además de los contratos de mantenimiento y suministro.
El argumento de los partidarios de la salida es que
la OTAN es una organización diseñada para arrastrar a sus socios a guerras ajenas, no para defenderlos. La factura de esa dependencia se mide en soberanía, no solo en euros.
El problema es que la alternativa no está definida. Sin alianza, sin industria de defensa autónoma y con un vecino del sur equipado por el mismo socio que se abandona, el escenario se complica. El análisis se atasca exactamente ahí: en que nadie ha calculado cuánto costaría la independencia estratégica, y en que la cifra, probablemente, tampoco cuadraría.