Xataka y la cacería contra Iker Jiménez: cuando la tecnología se vuelve trinchera
Un blog de tecnología publica un tuit contra Iker Jiménez por perder un anunciante tras la DANA. El problema no es el tuit: es que un medio especializado en gadgets y software se haya convertido en una trinchera ideológica más. La noticia, difundida por Xataka, señala que el presentador ha perdido a su primer gran anunciante, ING, después de sus comentarios sobre la catástrofe. Lo que sigue en el debate no es una defensa del presentador, sino una acusación contra el medio:
la sospecha de que Xataka ya no es lo que dice ser.
De blog de tecnología a panfleto: la acusación recurrente
La crítica más repetida no tiene que ver con Iker Jiménez, sino con la línea editorial del medio. Varios mensajes sostienen que
Xataka dejó de ser un blog de tecnología hace tiempo para convertirse en una web de clickbait y contenido de agenda. Se mencionan temas como el cambio climático, el coche eléctrico o la guerra de Ucrania como ejemplos de una deriva que, según estos análisis, responde a intereses ajenos al periodismo tecnológico. La acusación de que
les untan planea sobre buena parte de las respuestas, aunque nadie aporta pruebas concretas de pago alguno.
Hay un dato que se repite: la censura de comentarios. Un participante afirma que le borraron casi 4.000 mensajes acumulados durante cinco años tras defender a Iker Jiménez, y que el medio lo atribuyó a un
fallo técnico. Otro asegura que los comentarios críticos con la línea editorial desaparecen mientras los afines permanecen. La percepción de censura selectiva es, quizá, el argumento que más indignación genera.
¿Por qué un medio de tecnología habla de Iker Jiménez?
La pregunta que da título al debate tiene una respuesta implícita en los mensajes: porque el medio forma parte de una estructura más amplia. Se menciona el grupo editorial al que pertenece Xataka y se le atribuye una línea editorial alineada con el Gobierno. La idea de que
tres cuartos de la prensa están regados con dinero público aparece como explicación de por qué un medio supuestamente técnico dedica espacio a un presentador de sucesos y misterios. No hay verificación de esa cifra, pero sí una sensación compartida de que el ecosistema mediático español funciona por consignas.
El caso ING añade otra capa. Se argumenta que el banco neerlandés canaliza ayudas a Valencia a través de Cruz Roja, lo que explicaría su interés en desmarcarse de un presentador crítico con la gestión de la DANA. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero encaja con la narrativa de que las decisiones publicitarias no son neutrales.
El efecto llamada: de la queja al boicot
El debate deriva hacia el boicot a ING. Varios mensajes llaman a cerrar cuentas y trasladar nóminas y planes de pensiones. La etiqueta
#AdiosING aparece vinculada a la retirada de publicidad del programa de Iker Jiménez. Es el paso lógico en una discusión que empezó hablando de un tuit y termina cuestionando la relación entre banca, medios y poder político.
La comparación con Broncano surge como contrapunto. Hay quien se pregunta cómo un presentador de misterios tiene más influencia que una estrella de la televisión pública, y la respuesta que se da es que
el público de Iker es más joven y con mayor poder adquisitivo que el de otros formatos. Es una hipótesis sin datos de audiencia que la respalden, pero refleja una intuición extendida: el consumo televisivo ya no mide el impacto real.
El argumento que nadie rebate: la audiencia silenciosa
Frente a la idea de que Iker Jiménez es un fenómeno marginal, varios mensajes sostienen lo contrario: que su audiencia es la mayoría silenciosa que no aparece en los medios convencionales. Se argumenta que los datos de audiencia están amañados y que el verdadero peso de este público se verá en las urnas. Es una afirmación política, no un dato verificable, pero explica por qué el debate se ha convertido en un termómetro del malestar con el relato oficial.
El cierre del debate no ofrece conclusiones. Solo una constatación: un medio de tecnología ha conseguido que se hable más de su línea editorial que del anunciante perdido. ¿Era ese el objetivo?