Kase O y la economía del rap: ¿puede un 'facha' consumir este género?
Kase O, el rapero zaragozano que acaba de lanzar 'Camisa de fuerza' tras una década de silencio discográfico, ha vuelto a la palestra con una afirmación tajante: «Si eres facha te jodes y no puedes escuchar rap». La frase, más allá de la polémica identitaria, abre una brecha en la economía del género: ¿puede un producto cultural pretender vetar a una parte de sus consumidores sin afectar a su viabilidad comercial?
El rap como negocio: de la calle al cocktail bar
El propio Kase O encarna una contradicción que no pasa desapercibida. Su discurso antisistema choca con el hecho de que es socio de un bar de cocktails «de autor» en el centro de Zaragoza, un negocio que dista mucho de la marginalidad que el rap presume. Quienes critican su postura señalan que vive en una «burbujita burguesa» y que su imagen de «labriego» es una pose: nunca ha pisado el campo ni ha tenido una vida realmente dura. La economía del rap, en España, ha pasado de los garitos de barrio a los festivales patrocinados y las marcas de ropa. Kase O, que lleva dos décadas en el negocio, es parte de esa transición.
La madurez del público y el cambio de mercado
El debate también refleja un relevo generacional. El rap que triunfa hoy no es el de Kase O: lo es el de artistas como El Jincho, que se declara de derechas y acumula millones de reproducciones. Mientras tanto, un sector del público que creció con Violadores del Verso ha madurado y, según algunos, se ha vuelto más conservador. «Madurar te hace ser de derechas», se argumenta, y con ello, el rap de denuncia pierde adeptos. El mercado responde: los raperos que antes cantaban contra el sistema ahora pueden llenar salas de un público que ya no comulga con ese discurso.
La paradoja del consumidor 'facha'
El argumento de Kase O parte de una premisa: el rap nace de comunidades racializadas y es antirracista. Pero, como señalan sus críticos, una vez publicada, la obra escapa al control del autor. Un oyente puede disfrutar de la música sin compartir la ideología del artista. De hecho, la historia de la música está llena de ejemplos de canciones de protesta consumidas por aquellos a quienes critican. La pregunta económica es si el rap puede permitirse renunciar a un segmento de su audiencia. Los números de las plataformas de streaming sugieren que no: las listas de éxitos incluyen tanto rap consciente como trap de letras polémicamente machistas o apolíticas.
El dato que descoloca
Mientras Kase O defiende la pureza ideológica del rap, los datos de consumo muestran que el género es cada vez más transversal. El propio Jincho, abiertamente de derechas, supera en reproducciones a muchos de sus colegas progres. Si el mercado es democrático, la censura ideologizada del «no puedes escuchar rap» suena a postureo de quien ya ha cobrado. Al final, la única «jodienda» real sería para los ingresos de un artista que pide coherencia a un público que ya no la tiene.