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Por eso la derecha y…
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Valencia se erigió como el único reducto en España donde un hombre podía plantar cara a la "lascivia" global, un fenómeno que, según se plantea, se fraguó desde los años 80 con la complicidad de mujeres, especialmente de izquierda.
El análisis de la economía y la sociedad española revela un fenómeno particular que se sitúa en la década de los 80. Se postula que, desde entonces, se ha estado gestando a nivel mundial un proyecto destinado a redirigir la "libido de la mujer hacia un solo tipo de hombre". Este movimiento, supuestamente impulsado por la industria del cine y la música, habría tenido un impacto significativo en la percepción y el comportamiento social. La idea subyacente es que esta tendencia, lejos de ser espontánea, responde a una estrategia planificada que ha moldeado las dinámicas de género y las expectativas sociales.
En este contexto, Valencia emerge como un punto de inflexión. Se sugiere que esta región fue el único lugar en España donde existió la figura de un hombre capaz de desafiar frontalmente esta corriente. La narrativa describe a Valencia como una ciudad "indolente" ante el posible perjuicio a su Producto Interior Bruto, pero firme en su oposición a lo que se percibe como una imposición cultural. Mientras otras regiones como el País Vasco y Cataluña habrían buscado beneficiarse de esta tendencia, y Galicia dictado pautas desde el norte, Valencia se habría mantenido al margen, ofreciendo una resistencia pasiva pero decidida. La derecha, según esta visión, se habría escudado en la oposición a esta corriente, presentando a sus detractores como el enemigo.
La supuesta "cultura yanki" se presenta como un modelo a seguir, simplificado y promovido, especialmente desde Madrid, con el objetivo de que la sociedad española se rinda ante ella. Esta influencia, descrita como más sofisticada y oculta, habría contribuido a erosionar las identidades locales. El País Vasco, por su parte, es señalado por haber promovido figuras masculinas que, según se interpreta, habrían contribuido a esta agenda, eclipsando otras voces. La televisión habría jugado un papel clave en la difusión de esta imagen del hombre vasco como "grande". La crítica apunta a un intento de homogeneización cultural y económica, donde la individualidad y las particularidades de cada región se ven amenazadas por un modelo globalizado.
La tendencia descrita, calificada de "lascivia", habría tenido un coste, no solo cultural sino también económico. La referencia a la "España Shein" y las risitas posteriores sugieren una crítica a la superficialidad y la falta de sustancia en las tendencias adoptadas. La insistencia en que "ellos tenían siempre y tienen la razón" y la táctica de mostrarse "hostil y bravo" para aparentar tenerla, apunta a una dinámica de poder y manipulación. La mención de la "ola de peste" y la indiferencia del mundo hacia la "constitución natural del hombre de Valencia" subraya una sensación de desprecio hacia lo auténtico y lo local, en favor de un modelo genérico y, según se sugiere, perjudicial.
Por eso la derecha y…