Pues la Viena de esa época daba para un festival de egos, así que ahí van unos cuantos nombres que te pueden sonar o no. Pero si te los sabes todos, tú mismo te pasas el examen:
- Oskar Kokoschka: el expresionista que pintaba con las entrañas, no con purpurina dorada como el amigo Klimt. Se lió con Alma Mahler, la viuda del músico, y la cosa acabó como el rosario de la aurora. En fin, material para una ópera.
- Adolf Loos: el arquitecto que decía que el ornamento era un crimen. O sea, nada de angelitos ni columnas griegas en las reaccionariodas. Iba por la vida con una regla de cálculo y un desprecio monumental por el burgués que llenaba sus casas de chucherías.
- Peter Altenberg: el bohemio que vivía en un hotel y escribía en servilletas de café, porque le salía más barato que comprar papel. Era parte del mobiliario del Café Central, con sus bigotes y su manía de coleccionar fotos de niñas.
- Arthur Schnitzler: el médico que escribió La Ronde, un retrato de la hipocresía sensual de la Viena elegante que puso a medio imperio a morderse el bigote. Le tacharon de pornógrafo, pero solo era un tipo que contaba lo que veía.
Y no me olvido de Egon Friedell, ese historiador que acabó tirándose por la ventana para que no lo pillaran los nancy. O sea, se quitó de enmedio con estilo. Cada cual se toma la vida como puede.
Con estos ya tienes para dar la tabarra en una sobremesa. Si los conocías todos, bien por ti; y si no, ya sabes lo que hay que buscar cuando te aburra la actualidad.