De Prada y su columna sobre la DANA: ¿opinión, licencia literaria o delito?
¿Puede un columnista pedir el ahorcamiento del Gobierno en un periódico nacional y seguir tan tranquilo?
Juan Manuel de Prada lo ha escrito en su columna de ABC, diario del grupo Vocento, y en pocas horas la conversación sobre las inundaciones de Levante se había mudado a un terreno bastante más incómodo: el de su propio texto. La posibilidad de que un fiscal actúe de oficio circulaba en el debate. La pregunta es si aquello es una opinión, una licencia literaria o un delito.
El texto arremete contra el Ejecutivo por su gestión de la catástrofe y dedica a los gobernantes una retahíla de improperios que no hace falta reproducir aquí. Lo que interesa está al final: un párrafo en el que el autor escribe que, si los españoles «no tuviésemos horchata en las venas», habría que «
ahorcarlos y después descuartizarlos». El sujeto son los gobernantes. El verbo, un condicional.
El condicional como escudo y como diana
Esa forma verbal sostiene buena parte del envite. Quien defiende al columnista se agarra a ella: no hay llamada a la acción, hay desahogo retórico, y el artículo entero —insisten— es un ejercicio de estilo incendiario, no un manual de instrucciones. Quien pide responsabilidades responde que el modo verbal no borra el contenido, y que tener muertos y desaparecidos sobre la mesa no convierte una incitación en literatura.
Ahí aparece la primera fractura real. Unos leen el párrafo como metáfora de la indignación colectiva; otros, como un umbral que se cruza. Y el asunto, a partir de ahí, ya no era meteorológico.
1957, 1982 y 2024: los datos que usa la columna
Para negar que la catástrofe fuera imprevisible, el artículo tira de hemeroteca. En la gota fría de 1982, que reventó la presa de Tous y dejó
cuarenta muertos, cayeron hasta mil litros por metro cuadrado en Cortes de Pallàs, el doble que en esta ocasión. La de 1957 se llevó por delante ochenta vidas, aunque de aquella no hay registros fiables de precipitación: los pluviómetros de la época tenían una capacidad máxima de doscientos litros por metro cuadrado.
La conclusión que extrae es simple: el Levante ha sufrido siempre el mismo fenómeno —aire polar marítimo con viento de levante— y ponerle un nombre nuevo no lo cambia. De ahí salta a la gestión. Con avisos naranja ya activos el lunes, sostiene, habría tocado suspender clases, movilizar personal de auxilio y cortar carreteras. No se hizo, y el agua pilló a conductores y vecinos en ramblas y viales ya inundados.
También carga contra el presidente del Gobierno por sugerir que la población desoyó las indicaciones de protección civil. A su juicio, cuando los avisos llegaron a los móviles, mucha gente ya estaba siendo arrastrada.
El debate jurídico: ¿hay delito de odio contra los políticos?
Un participante reproduce el precepto y sostiene que no: la ley castiga la provocación al odio o a la violencia contra grupos o personas por motivos de raza, religión, etnia, orientación sexual, identidad de género, ideología, enfermedad o discapacidad, y un Gobierno, un partido o un presidente no encajan en esa lista. Fuera de ahí, según ese mismo razonamiento, un texto así solo sería perseguible como provocación delictiva o apología, y el condicional lo aleja de ambos tipos.
Es el razonamiento que circula con más detalle en el hilo y el que explica por qué, al cierre del debate, no constaba ninguna actuación de oficio. No significa que el autor salga indemne: hay quien da por hecho que su firma en el diario puede estar en cuestión.
La reacción: peticiones de responsabilidades y una comparación incómoda
La columna se convirtió en el centro del día. En el hilo se pide que la dirección de ABC y de Vocento dé explicaciones, y hay quien afirma que un periodista de El País comparó a De Prada con los perpetradores del genocidio de Ruanda, atribuyéndole sin decirlo una petición de encarcelamiento. En el material del debate no consta ninguna rectificación ni retirada del texto por parte del diario.
Ahí se abre otro frente. Hay quien ve una prueba de protección en que nadie haya movido ficha; y quien, en el otro extremo, da por hecho que su firma en ABC puede darse por terminada. Las dos lecturas conviven sin resolverse.
Qué se juega el autor
Sobre la mesa está su continuidad en la firma del diario. En el aire, si el episodio marca un antes y un después en lo que una cabecera permite publicar a su pluma más incendiaria.
La conversación de fondo es otra. Si el medio retira el texto, admite que se pasó. Si lo mantiene, asume el coste reputacional. Y si no hace nada, deja que el asunto lo resuelva el calendario, que es como se han resuelto casi todos.
Gota fría, DANA y el relato del clima
El otro eje del texto es terminológico. El autor sostiene que lo que el Gobierno y Bruselas llaman cambio climático es la gota fría de toda la vida, y cita a
Ursula von der Leyen —«la dramática realidad del cambio climático»— como prueba del relato oficial. Para él, ese relato sirve para repartir la culpa entre la población y justificar nuevas imposiciones.
Al cierre de este debate la columna seguía siendo el centro de la discusión y no constaba ninguna actuación de oficio. Si era una metáfora, funcionó como metáfora. Si era una amenaza, todavía espera a que alguien, en algún despacho, decida si el condicional es un escudo o una excusa.