Del 'miedo a caerse del mapa social' a la dolarización del peso
El hilo deja la macro y se mete en la alcoba. La natalidad deja de ser un número y pasa a ser un diagnóstico de comportamiento: un participante sostiene que el problema es la exigencia de pareja, y otro responde que es el sistema el que empuja a eso. Mientras unos discuten por qué no nacen niños, otros discuten qué hacer con el peso.
Qué se ha sabido
En este tramo no llega ningún informe nuevo. Llega un tuit. Se pega el de una cuenta que devuelve la calle al centro de la conversación:
Un forero apostilla que
«Gran parte del mundo parece que decidió suicidarse cargándose su pirámide demográfica» y añade que quedan África y buena parte del Asia musulmana, donde la natalidad sí aguanta.
En el lado económico, lo que se repite no es una cifra sino un modelo. Un participante sostiene que Milei debía haber ido a una
dolarización radical en vez de aferrarse al peso. Le contestan que no lo deja flotar libremente y que ese error se pagará a la larga.
El ejemplo que se pone sobre la mesa es El Salvador: un participante sostiene que Bukele ha combinado atraer inversiones con gasto público fuerte en educación, y que con eso ha bajado el crimen y ha quitado a los jóvenes de las maras.
Un tercer bloque se va a la tecnología y a la renta básica. Un participante la reclama para dedicarse a sus aficiones. Le responden con Julian L. Simon,
The Ultimate Resource (1981), y con el argumento de que el recurso de verdad es la mente humana y que la abundancia crece desde hace miles de años.
Dónde está la bronca
Tres frentes.
El primero, la natalidad. Un participante lo desarrolla así:
«Es una mezcla de ego infladísimo (Muy típico de por acá) + temor recurrente a caer en la pobreza». Y lo concreta:
«Exigen tíos que ganen el doble o el triple que ellas para considerarte “apto”». Y no los hay, añade, porque
«el país está en una fase de estancamiento económico agudo desde hace 15 años». Otro lo lleva al extremo y lo atribuye a una hipergamia deliberada y a un colapso buscado. Y hay quien responde con demografía global y se queda tan ancho.
El segundo, el peso. Un participante sostiene que aferrarse a la moneda ha sido el error y que el camino era imitar a Bukele o dolarizar de golpe. Le contestan que Argentina es una economía bimonetaria desde antes de que Milei apareciera en televisión: todo se calcula en dólares aunque se diga en pesos. La discusión no es si el peso vale poco —eso nadie lo discute— sino si sostenerlo ha sido un error.
El tercero, el modelo. Un participante pone a Bukele de ejemplo y añade que la vía punitiva sola no basta. Otro responde que Bukele no es precisamente liberal: mucha inversión por un lado y mucho gasto público en educación por otro. De ahí sale una fórmula que se repite: amplia participación del Estado con las libertades del ciudadano lo menos tocadas posible.
Qué cambia respecto a antes
Antes el hilo era quién llega a España y a qué barrio. Ahora es por qué no nacen y qué se hace con la moneda. La predicción de la estampida hacia Argentina se cuestiona de frente: un participante afirma que los que amenazaban con irse
«no llegan ni a una decena, ya le digo» y pregunta cuántos de los que lo sostenían en el foro se han ido de verdad. Nadie contesta con una lista.
Entra también un tema nuevo: el papel de los comentaristas económicos. Un participante señala que Rallo alaba todo lo de Milei y ataca todo lo de Trump, y que eso, dice, no es racional.
Y asoma el escenario de fuera, de refilón. Un forero avisa de que la inflación de Estados Unidos
«se va a llevar por delante a medio planeta», augura más extrema derecha en Europa y habla de geoarbitraje hacia países pobres con seguridad jurídica. Otro cuenta que vio en televisión imágenes de gente rebuscando en la basura en Argentina y pregunta si ya están todos los ingredientes.
Y entre medias
Se cuela la ironía de siempre. Un participante dice que esto lo arregla
«otras de las 3928390289038902 escuelas de liberalismo», simplemente porque no se ha aplicado el liberalismo correcto. Otro recita una secuencia: primero el fascismo, luego Hitler, la historia se repite. Y un tercero zanja que Argentina está llena de argentinos y que así es imposible.