Boicot marroquí a España: la campaña y las cifras del turismo
¿Cuánto dinero deja realmente el turista marroquí en España? La pregunta dejó de ser retórica cuando una campaña difundida en redes sociales desde Marruecos empezó a pedir el boicot de los productos españoles y el fin del turismo hacia España. El mensaje, viralizado a partir de una publicación en X, ha cruzado el Estrecho y ha encontrado eco en los dos sentidos: hay quien lo celebra como una excusa para cerrar la puerta y hay quien directamente duda de que el fenómeno tenga el tamaño que se le atribuye.
La cifra que circula: 700.000 turistas y 1.000 millones de euros
Según un cálculo que circula, unos 700.000 visitantes marroquíes de clase media-alta dejarían en España alrededor de 1.000 millones de euros al año, con Andalucía como principal destino. La estimación tiene defensores y detractores. Quienes la sostienen argumentan que ese gasto se reparte entre comercio, hostelería y segundas residencias, y que el perjudicado no es un porcentaje abstracto del PIB, sino negocios con nombre, nóminas que pagar y temporadas que ajustar. Quienes la rebajan al terreno de la anécdota señalan que buena parte de esos desplazamientos no son turismo de hotel: familias que cruzan el país hacia el norte de Europa, con estancias cortas, gasto mínimo y apenas una pernoctación.
El contrapeso más repetido es el porcentaje: incluso aceptando los 1.000 millones, el impacto sobre la economía andaluza rondaría el 0,5% de su PIB. De ahí sale la conclusión más oída —se pierde y ya vendrá otro— y también la objeción: el cliente que ocupa esa mesa, esa habitación o esa plaza de aparcamiento no aparece por generación espontánea.
Qué productos españoles entran en la diana del boicot
La parte de la campaña con objetivos más concretos es la de las marcas. Entre las enseñas señaladas aparecen nombres de alimentación y bebidas con implantación masiva en los lineales: La Piara, Campofrio, Freixenet, San Miguel, Mahou, Osborne o Revilla. Es la vertiente más fácil de enunciar y más difícil de ejecutar: son marcas con distribución capilar, presencia en hostelería y precios de batalla, y sustituirlas en la cesta de la compra exige alternativas locales competitivas en precio y en logística.
El turismo, la industria que Marruecos no puede permitirse tocar
La advertencia llega desde el otro lado y es incómoda: el turismo pesa demasiado en la economía marroquí como para permitirse jugar a este juego. Quien ha viajado al país lo resume sin paños calientes: si los españoles dejaran de ir, el golpe sería serio. Marruecos recibe cada año un volumen relevante de visitantes españoles, atraídos por precios, cercanía y oferta cultural, y ese flujo no se reemplaza de un día para otro. El sector, además, es una fuente de divisas y de empleo difícil de sustituir a corto plazo.
Quién es en realidad el turista marroquí
El asunto se complica al intentar definir a ese turista. Desde Granada se apunta que el visitante de alto poder adquisitivo que se ve por el sur de España es más reconocible por su origen en países del Golfo —familias saudíes, por ejemplo, con patrón de gasto alto y estancias largas— que por su nacionalidad marroquí. El turista marroquí al uso, se argumenta, es en muchos casos un viajero de paso: entra por la península, duerme una noche en ruta y sigue camino hacia Francia o Alemania con el depósito lleno y el gasto mínimo.
Y ahí está el problema de fondo de cualquier boicot de este tipo: es fácil de convocar y casi imposible de medir. La campaña puede no tumbar una sola cuenta de resultados este trimestre. Lo difícil de explicar será, si funciona, por qué el negocio que hacía cuentas con ese cliente resulta que llevaba meses contando con él.