El superciclo de Iturriaga: crecimiento de pega o revolución laboral
José Ramón Iturriaga lo tiene claro: España está ante el mejor superciclo económico en 50 años, y para aprovecharlo necesita más inmi gración. El gestor de Abante sostiene que dos tercios del diferencial de crecimiento con Europa se explican ya por la afluencia de trabajadores extranjeros. Su tesis es simple: sin esa llegada de mano de obra, el PIB no brillaría como brilla. Pero esa misma cifra, la que él usa como argumento de éxito, es la que enciende las alarmas en buena parte del análisis económico.
El argumento del gestor
El razonamiento es impecable sobre el papel. Con una demografía envejecida y un paro estructural alto, España necesita cuerpos que coticen. La inmi gración no solo engrasa la maquinaria productiva, dice, sino que sostiene el sistema de pensiones. Hasta ahí, el macro. El problema, replican los escépticos, es que el crecimiento inducido por inmi gración no es sinónimo de desarrollo: cuenta cabezas, no productividad. El PIB sube, pero el PIB per cápita se estanca. Esa es la crítica central.
La sombra de 2007
La analogía con 2007 se ha convertido en un lugar común. Entonces, el boom inmobiliario maquillaba una economía de baja productividad; hoy, el superciclo demográfico hace lo mismo. Algunos van más lejos: no es una burbuja financiera, sino una burbuja de personas. Y como toda burbuja, temen, acabará pinchando. Se recuerda el rescate de 2008, con 60.000 millones de euros públicos inyectados a la banca, como ejemplo de que cuando el mercado falla, el Estado paga. La pregunta incómoda: ¿quién pagará cuando esta burbuja se desinfle?
Intereses cruzados
Lo que escuece no es solo la economía, sino la política. Hay quien ve en esta defensa de la inmi gración una alianza objetiva entre capital y clientelismo: para las empresas, mano de obra barata que sostiene el dumping salarial; para el Estado del bienestar, nuevos consumidores y votantes. Los cargos directivos, apuntan, no sufren la degradación de los servicios ni la competencia por la vivienda: esa la pagan los trabajadores de base. No todo son agoreros: hay quien recuerda que Estados Unidos pasó de 5 millones de habitantes en 1800 a 76 millones en 1900, y que esa expansión fue la base de su hegemonía. La diferencia: allí la inmi gración venía a producir; aquí, acaba en sectores de baja cualificación.
El superciclo puede ser real, pero el espejo retrovisor de 2007 debería encender alguna luz. Si el crecimiento se sostiene solo sobre el recuento de cabezas, sin productividad ni salarios, la factura llegará. La pregunta no es cuántos llegan, sino qué trabajo van a hacer y a qué precio. El propio Iturriaga da un dato que debería preocuparle: dos tercios del diferencial con Europa se explican por la afluencia, no por un milagro productivo. Mal síntoma.