Sant Pau desmiente el ictus de Pujol mientras su juicio sigue vivo
El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol habría sido ingresado de urgencia por un ictus, según una información que el propio hospital Sant Pau desmintió poco después. Su hijo salió a calificar la noticia de falsa. El episodio, sin embargo, ha reabierto una pregunta incómoda: qué ocurre con la causa judicial que lo mantiene imputado y procesado, con juicio oral señalado para noviembre de 2025 y resolución posible en primavera de 2026.
La salud como escudo procesal
La secuencia es conocida. Primero el ingreso, después el desmentido. Y en medio, un reguero de comentarios que no hablan del ictus sino de la
pasta. Porque el expresidente está imputado y procesado en una causa que ya está en fase de juicio oral. El cálculo que circula entre quienes siguen el caso es sencillo: si el proceso arranca en noviembre de 2025 y se resuelve en primavera de 2026, la edad y el estado de salud del acusado se convierten en un factor determinante. No es una novedad. Es el patrón.
Hay quien sostiene que Pujol nunca pisará la prisión. El argumento no es jurídico, es biológico. A sus años, cualquier condena que llegue será simbólica o directamente inejecutable. La pregunta que sobrevuela el caso no es si es culpable —la imputación existe— sino si el sistema está diseñado para que ciertos delitos prescriban en la cama. La respuesta que da el historial reciente es incómoda.
El dinero, los hijos y la manta que nunca se tiró
El núcleo económico del caso sigue sin resolverse. Se habla de varios cientos de millones bien guardados y gestionados, según las estimaciones que manejan quienes han seguido la causa. Ninguno de los hijos ha sido empurado. El dinero, sostienen las voces más críticas, está fuera del alcance judicial. Pujol gobernó 23 años. Sus hijos crecieron dentro de esa estructura. La metáfora que se repite es la de la garrapata: cuanto más tiempo lleva adherida, más difícil es arrancarla sin desgarrar al huésped.
La amenaza que Pujol lanzó en su día —tirar de la manta— sigue planeando. Se rumorea que bajo esa manta hay desde eméritos hasta tres cuartas partes de altos políticos en activo. Nunca se verificó. Nunca se desmintió del todo. Y esa ambigüedad es, probablemente, su mejor seguro de vida. Llevan años esperando que muera sin que las diligencias avancen. No es una teoría conspirativa: es un hecho procesal. El tiempo corre a favor del acusado.
El contexto catalán: de prócer a imputado
La conversación derivó pronto hacia el papel de Pujol en la arquitectura política catalana. Una de las tesis que más se repite es que Cataluña no es independiente, en parte, por él. Su servilismo encriptado con Madrid habría funcionado como brida. El PNV en el País Vasco, se argumenta, jugó un papel similar. Ciertos partidos han sido la ligazón de España, el freno del pueblo. La ironía es amarga: el hombre que encarnó el catalanismo institucional durante décadas es señalado hoy como uno de los obstáculos para el proyecto que decía defender.
El contraste con otros nombres del régimen del 78 es inevitable. Ni Felipe González, ni Guerra, ni Aznar, ni Rajoy, ni Sánchez. La lista se repite como un mantra. Todos robaron, se dice, pero Pujol fue el más listo: se supo pillar un salvavidas. Ahora es tan viejo que ya ni merece la pena ir a por él. La impunidad no siempre es un fallo del sistema. A veces es el sistema.
La anécdota: un despacho en Passeig de Gràcia
Entre los testimonios personales que han aparecido, uno llama la atención. Un participante relata haber estado reunido un par de veces con Pujol en su despacho de expresidente, situado en el Passeig de Gràcia de Barcelona. El edificio, añade, pertenecía a una tía bisabuela suya. La escena tiene su gracia: el hombre que gestionó el catalanismo desde la Generalitat despachaba desde una finca familiar ajena. La política catalana siempre ha tenido estos cruces entre patrimonio, apellido y poder.
Otro testimonio sitúa su domicilio entre Mitre y Vía Augusta, más cerca de la primera que de Muntaner. Entre 2000 y 2010, había varios mossos vigilando la puerta. La rutina del expresidente incluía esa escolta. Hoy, la noticia es un ictus desmentido y un juicio que avanza lento.
Lo que queda por resolver
El proceso arranca en noviembre de 2025. La resolución podría llegar en primavera de 2026. Si Pujol llega vivo, se sentará en el banquillo. Si no, la causa se extingue. Esa es toda la incertidumbre. La sociedad catalana, mientras tanto, ya ha pasado página. Las corruptelas se olvidan. La degeneración era esperable. El único que pide su eliminación, ironizaba alguien, es él mismo. Y ni eso.