El Papa insta a «soluciones» para Ceuta y choca con el escepticismo
El papa León XIV ha mostrado este domingo su preocupación por la situación en Ceuta, donde la crisis migratoria ya deja 72 fallecidos. Durante el Ángelus, el pontífice pidió «soluciones de paz, estabilidad y justicia» para una emergencia que no da tregua a la ciudad autónoma. Sus palabras, sin embargo, no han caído en saco roto: han reavivado un debate que mezcla soberanía, hipocresía y una dosis generosa de sarcasmo.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien ve en el llamamiento una intromisión en los asuntos internos de España, una jugada de manual para desviar la atención hacia los compromisos del Vaticano. Otros, más directos, recuerdan que la Santa Sede tampoco abre sus puertas de par en par a los migrantes. «El que predica con el ejemplo lleva las de perder», resumen los más escépticos. La comparación se ha convertido ya en un clásico: mientras se pide acoger, las fronteras del Vaticano siguen cerradas.
El fondo del asunto es la gestión de la migración en un punto estratégico del Mediterráneo. Ceuta y Melilla son la frontera sur de Europa, un lugar donde los intereses económicos y políticos se cruzan con el drama humano. La aportación del Papa, por muy bienintencionada, no soluciona el problema de fondo: la falta de una política migratoria común que aborde las causas de la emigración.
Mientras tanto, los fallecidos suman 72, las promesas se quedan en titulares y el sarcasmo en las redes es la única respuesta inmediata. La próxima vez que un líder mundial hable de «justicia», quizá valga la pena preguntarse si hay algo detrás de las palabras. O si el ejemplo, como siempre, brillará por su ausencia.