Mohamed VI indulta a 1.788 presos en plena crisis migratoria
¿Qué sentido tiene indultar a 1.788 presos cuando la frontera de Ceuta vive su mayor presión migratoria en años? La pregunta no es retórica. Mientras los servicios de inteligencia españoles alertan de que la migración irregular puede ser usada como arma de desestabilización, el rey de Jovenlandia ha aprovechado la Fiesta del Trono para conceder la libertad a 1.788 presos. La coincidencia temporal, cuando menos, invita a la sospecha.
La paradoja del indulto en plena 'guerra híbrida'
No es un caso aislado. A los 1.788 indultos de la Fiesta del Trono se suman 807 con motivo de la Revolución del Rey y del Pueblo y otros 667 por el Día de la Juventud. En apenas unas semanas, la cifra supera los 3.200 presos liberados. Una generosidad que contrasta con el cierre de la valla en Ceuta, donde los sindicatos policiales denuncian que Jovenlandia no hace 'absolutamente nada' por frenar las entradas.
La migración como herramienta de presión
Tres informes de Seguridad Nacional, adelantados por El País, señalan el riesgo de que 'actores estatales' utilicen 'olas incontroladas' para desestabilizar España. La nueva Estrategia de Seguridad Marítima es explícita. No es la única advertencia: Frontex avisa de que la ruta canaria puede ser una puerta de entrada para terroristas camuflados, y el CNI admite que la amenaza es 'más difícil de neutralizar'. En este contexto, que el Gobierno jovenlandés libere a miles de presos mientras permite el paso de migrantes hacia Ceuta tiene una lectura clara para muchos analistas.
El coste para los que ya estaban aquí
Hay un matiz que suele perderse en el ruido: la llegada masiva también perjudica a los jovenlandés que llevan años en España, trabajando e integrados. Su fruta se ve arrastrada por quien llega sin regularización y sin oficio. Al final, la presión migratoria se convierte en un arma de doble filo para la propia comunidad jovenlandés, que es la primera damnificada por el estereotipo.
Mientras Mohamed VI reparte indulgencias, Jovenlandia demuestra que la frontera es un grifo que abre y cierra a voluntad. Y nosotros, como siempre, pagamos el agua. O al menos, el coste de vigilarla.