John MH: un Porsche refrigerado por aire, dos hijas y vivir con sus padres
John MH vive con sus padres y tiene dos hijas. También tiene un Porsche refrigerado por aire, el tipo de coche que hace años se compraba por cuatro cifras y hoy no baja de seis.
Un deportivo de culto en la puerta, dos bocas que alimentar y ninguna vivienda propia: ese contraste es el que ha puesto el foco sobre este creador de contenido, que emite en directo y se ha hecho un hueco hablando sin filtro de música clásica, de literatura, de coches y de política. Y no es el único desajuste. El mismo hombre que se declara comunista y admira a
Stalin y a Lenin se gana la vida, precisamente, con el mercado.
Cuánto cuesta un Porsche 911 refrigerado por aire
El suelo de este mercado se ha multiplicado desde comienzos de siglo.
En el año 2000 un 911 de aire se compraba por 1.700.000 pesetas, unos 10.200 euros, y los ejemplares llegaban de Alemania a espuertas. Los 993 se anunciaban por 15.000 o 20.000 euros en esa misma época. Hoy, un refrigerado por aire exige como mínimo
60.000 euros, y quien compró hace años por 25.000 o 30.000 no ha tenido que hacer nada para doblar la apuesta.
La anécdota que mejor mide esta locura es un Mercedes de los años cincuenta, un gullwing, que en 1999 dormía abandonado en una calle de Londres, sin que nadie lo moviera, convertido en simple coche viejo. Una década después, una unidad básica alcanzaba en subasta
el medio millón de euros. El comprador de clásicos no siempre acierta. Cuando acierta, el resultado es directamente obsceno.
El IMS y las series que conviene mirar con lupa
Dentro de la propia marca hay 911 buenos y 911 que arruinan a su dueño. Los problemas serios de fiabilidad arrancan
a partir de la serie 996. Los anteriores, los refrigerados por aire, no arrastran esa lacra, aunque sí otra fama: la de ser coches que castigan cualquier exceso al volante. Hay quien sostiene que solo deberían conducirlos pilotos con oficio; en contra pesa el argumento de que ningún coche moderno se conduce solo. La rareza, en cualquier caso, ya forma parte del precio.
De un taller cerrado por la pandemia a los directos
La biografía que rodea al coche explica bastante más que la ficha técnica. El relato que se maneja habla de un tipo con talento que dejó los estudios en la adolescencia, pasó por la hostelería y montó un negocio de taller de vehículos que funcionaba. La pandemia, primero, y el cuidado de su mujer, enferma de cáncer y fallecida después, tumbaron la empresa. Hoy se gana la vida delante de una cámara.
Ahí están las cifras del negocio digital: tres canales en YouTube, directos en Twitch, donaciones y mentorías. Las estimaciones más prudentes hablan de
entre 1.000 y 2.000 euros mensuales; las más generosas, de 3.000 o 4.000 en un mes bueno. Todo con menos de 50.000 suscriptores en el canal principal, lo que dice mucho de cómo ha cambiado la economía de la atención: ya no hace falta una masa enorme, basta una minoría dispuesta a pagar.
Comunismo, Porsche y el resto de la contradicción
El punto que más incomoda a su propia audiencia es ideológico. Un tipo que defiende el comunismo, que cita a
Stalin y a Lenin con admiración y que despacha a otros creadores sin miramientos no encaja bien con un patrimonio que se revaloriza solo. Hay quien lo lee como idealismo mal digerido; hay quien lo lee como postureo y poco más. Ninguna de las dos lecturas explica gran cosa, porque la incoherencia entre lo que se predica y lo que se tiene es un clásico del género humano.
Lo que sí explica algo es el calendario. El coche no es el capricho de un nuevo rico: es un activo comprado a precio de saldo que el mercado ha multiplicado. En 2000 el mismo tipo de vehículo costaba 10.200 euros. Hoy el suelo son 60.000. La pieza que parecía una extravagancia resulta ser la más sólida del balance.