Brita: ¿solución lonchafinista o sacapelas? Los números del filtro de agua
¿Merece la pena comprar una jarra Brita o es lo mismo que dejar reposar el agua del grifo? La pregunta lleva años circulando entre los que intentan cuadrar el presupuesto doméstico sin cargar con garrafas de plástico. Los números, como casi siempre, dependen de a quién le preguntes y de cuánto bebas.
El coste real de los filtros: de 20€ a la ganga por 2€
El primer golpe llega con los recambios. En tienda, una caja de tres o cuatro cartuchos ronda los 18-20€, lo que dispara el coste por litro si cumples el cambio mensual que recomienda el fabricante. Pero el mercado paralelo es otra historia: comprando lotes desde Reino Unido, el precio baja a 4,5-4,75€ por filtro. Y si cazas ofertas en supermercados —como los dos cartuchos a 5,99€ en Dia%—, el coste se acerca a los 3€. Algunos incluso alargan la vida útil a dos o tres meses, aunque el fabricante jure que solo dura 30 días.
La teoría dice que cada filtro procesa 450 litros. La práctica, según quienes los usan, es que se agotan antes. Un cálculo concreto de una familia de cuatro personas: consumían 10 litros de agua a la semana en garrafas de 5 litros, lo que suponía 4,8€ al mes. Con Brita, en el peor escenario (100 litros por filtro), el gasto mensual subía a 12€. Sin embargo, otros aseguran que sale más barato que el agua embotellada, sobre todo si evitas los precios inflados de las marcas premium.
¿Filtra de verdad o es un placebo?
El agua del grifo sabe a cloro; al pasar por la Brita, el sabor desaparece. Pero hay quien sostiene que el simple contacto con el aire en la jarra consigue el mismo efecto. El carbón activo y las resinas de intercambio iónico eliminan cal y metales, pero también añaden sodio al agua —hasta 100 mg/litro según la normativa europea—, lo que preocupa a hipertensos. Y un estudio casero citado en la discusión alerta de que el agua filtrada puede quedar por debajo del pH recomendado, causando aftas en algunos consumidores.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya advirtió en su día que estos sistemas no siempre mejoran la calidad del agua y que, en ocasiones, el resultado es igual o peor que el agua del grifo. No obstante, una prueba a ciegas citada por varios usuarios indica que la mayoría nota una mejora clara en el sabor.
Alternativas low cost: del botijo a la destiladera
Para los más escépticos, el lonchafinismo tiene opciones aún más radicales. En Canarias se usan las destiladeras, piedras volcánicas porosas que filtran el agua sin recambios, solo con paciencia. Y el clásico botijo de barro también hace su trabajo: mantiene el agua fresca y, con el tiempo, sedimenta las partículas. Pero ni unos ni otros te libran de la cal si el agua es muy dura.
Entonces, ¿compensa?
A largo plazo, la jarra Brita sale más barata que el agua mineral si bebes mucho y cazas ofertas de filtros. Pero si tu agua del grifo ya es buena —como en muchas zonas del norte—, el filtro es un capricho que solo mejora el sabor del cloro. La ironía final: después de meses usando la Brita, al volver al agua embotellada aseguran que notas la diferencia... pero para mal. O para bien, según el poder de la mente.
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