Rhodes ofreció comprar el piso a la inquilina y el fondo se negó
¿Por qué un fondo inmobiliario rechaza vender una vivienda cuando le ponen el dinero encima de la mesa? James Rhodes, pianista, contó en
La Hora de La 1 que se ofreció a pagar el alquiler a precio de mercado y también a comprar el piso de Maricarmen, y que la propiedad dijo no a las dos cosas. El caso lleva años judicializado y sigue abierto. La discusión ya no es si alguien ayuda a una señora, sino por qué un propietario institucional prefiere litigar antes que cobrar.
¿Qué ofreció James Rhodes y qué le respondió el fondo?
El músico británico aseguró que su oferta fue doble:
pagar el alquiler a precio de mercado y, además, comprar el inmueble. La respuesta, según su relato, fue una negativa sin matices: «se negaron a todo». Una parte del análisis lee ese gesto como una oferta real puesta sobre la mesa; otra lo interpreta como operación de imagen sin papeles que la respalden. El propio músico admitió que no había mucho que contar en positivo. En paralelo circuló la versión de una
escritora anónima dispuesta a cubrir la diferencia del alquiler, extremo que nadie ha confirmado.
Las cifras: 240.000 euros y una renta de 1.650
Tres números ordenan el caso. El fondo habría comprado el inmueble en
2018 por 240.000 euros. A la inquilina se le habría ofrecido una renta de
1.650 euros frente a los
2.650 a los que la propiedad pretendía alquilarlo después. Y antes de esa venta, los anteriores dueños le habrían ofrecido comprarlo a ella, oferta que habría rechazado. Los mismos datos sostienen versiones opuestas: quienes ven un pulso legítimo y quienes ven una oportunidad perdida por terquedad.
¿Por qué un fondo rechaza vender un piso a precio de mercado?
Aquí está el punto que nadie cierra. La tesis que más circula sostiene que estos vehículos no persiguen una vivienda concreta, sino
acumular bloques enteros: comprar barato al propietario particular, litigar con el inquilino y quedarse el edificio para rentabilizarlo. Bajo esa lógica, vender un solo piso rompe la estrategia y deshace el control del bloque. En contra pesa un argumento incómodo: si la oferta fuera tan buena como se cuenta, no habría motivo para decir no. Quien quiera zanjarlo tendría que enseñar el contrato, y de momento nadie lo ha enseñado.
Un fondo que no vende cuando le pagan, una oferta que nadie ha visto por escrito y una señora que sigue viviendo donde siempre. Lo llamativo no es que alguien dijera no. Lo llamativo es que a estas alturas haya que elegir bando sin que ninguno de los dos enseñe el papel.