Por qué el mercado cannábico en EE.UU. se desinfla: ni adictivos, ni rentables
El sector del cannabis legal en Estados Unidos atraviesa una crisis inesperada. Los precios se desploman, las empresas acumulan pérdidas millonarias y el consumo no deja de caer. No hablamos de una prohibición, sino de lo contrario: justo cuando la legalización avanza, la demanda se esfuma. Un fenómeno que contradice todas las proyecciones de la industria.
Los datos apuntan a una combinación de factores. Por un lado, el cannabis ha perdido su atractivo como fruta prohibida. Sin el componente transgresor, muchos consumidores se aburren y lo dejan sin dificultad, como señalan análisis longitudinales de hábitos. Por otro, la correlación con el tabaco es clave: el consumo de cannabis baja de forma acelerada a medida que el tabaquismo se reduce. Quienes dejan de fumar tabaco no adoptan el porro como sustituto; al contrario, abandonan también la parafernalia asociada.
La sobreoferta agrava el cuadro. La legalización ha disparado la producción industrial, mientras la demanda no crece al mismo ritmo. Los precios mayoristas se han hundido, y las empresas que apostaron por escalar rápido ven cómo sus márgenes se evaporan. Algunos inversores hablan de una burbuja que explota por el lado de la demanda: el consumidor no es tan elástico como se pensaba.
¿Es una buena noticia para la salud pública? Sin duda. Pero para los dueños de cultivos y dispensarios, es una catástrofe financiera. El modelo de negocio del cannabis recreativo, que prometía rentabilidades estratosféricas, choca con una realidad tozuda: la gente se cansa de los porros. Y cuando no hay enganche químico fuerte, el mercado se desmorona.
La pregunta que flota es si la industria podrá reinventarse con derivados como el CBD o el cannabis medicinal, o si el negocio recreativo se encamina a una decadencia irreversible.