Netanyahu anuncia que tomará toda Gaza y reabre la ayuda mínima
Beniamin Netanyahu declaró que las tropas israelíes «tomarán toda Gaza» tras el anuncio del Ejército de una ofensiva «amplia» adicional en el norte y el sur del territorio. En la misma comparecencia, el primer ministro israelí confirmó la reanudación inmediata de una entrada «mínima» de ayuda humanitaria, después de casi tres meses de bloqueo. La decisión, que él mismo calificó de «difícil», llega tras una reunión de gabinete y con una confesión poco habitual: la presión de los aliados internacionales. «Nuestros mejores amigos del mundo, senadores que apoyan apasionadamente a Israel, me dicen: te daremos toda la ayuda que necesitas para una victoria total, pero no podemos seguir recibiendo imágenes de hambruna», admitió.
Qué hay detrás de la ayuda mínima que Israel deja entrar
El comunicado del Gobierno israelí habla de permitir «una cantidad básica de alimentos por persona para la población para evitar una crisis por hambre en Gaza». No es generosidad: es cálculo. Netanyahu reconoció que una hambruna pondría en riesgo los apoyos internacionales que sostienen la operación militar. El bloqueo, según su versión, buscaba evitar que Hamás interceptase la ayuda, y su propuesta de puntos de entrega controlados fue rechazada en su momento por la ONU. El resultado es un equilibrio inestable: entra lo justo para que no se rompa la coalición exterior, no lo suficiente para cambiar la ecuación humanitaria.
La guerra que empezó antes del 7 de octubre
Una parte del análisis sostiene que el conflicto no arranca el 7 de octubre, sino décadas atrás, y que la ofensiva actual es la consecuencia de un asedio prolongado. Enfrente, el argumento más repetido es el contrario: antes de esa fecha no había guerra abierta en Gaza, y el sistema de defensa antiaérea israelí neutralizaba los lanzamientos de cohetes sin necesidad de destruir lanzaderas ni causar víctimas civiles. El cálculo más duro llega desde quienes defienden que un asedio solo termina con la rendición del sitiado, y que enviar comida a quien resiste es un contrasentido militar. La discusión deriva hacia el derecho de conquista, abolido al terminar la Segunda Guerra Mundial, y hacia la legitimidad de las pretensiones de cada bando sobre el mismo territorio.
El derecho de conquista y el problema de anexionarse Gaza
Anexionarse Gaza no es lo mismo que ocuparla, y ahí está el nudo jurídico. Incorporar el territorio obligaría a resolver qué nacionalidad se da a quienes lo habitan, un malabarismo legal que Israel ya evitó con Cisjordania: prefirió mantenerla como una entidad extraña bajo control militar antes que incorporar a su población. La distinción entre tomar el control operativo y anexionar formalmente el terreno es la que separa el anuncio de sus consecuencias reales. Hay quien apunta que el plan de reubicación de la población en terceros países —Libia aparece mencionada— forma parte de ese mismo esquema. Nada de eso está cerrado.
El frente diplomático: disparos a una delegación y presión interna
Militares israelíes dispararon contra una delegación diplomática de 21 países, incluida España, que visitaba Yenín, en Cisjordania. El episodio añade tensión a una posición internacional ya frágil. En paralelo, la presión no solo viene de fuera: Netanyahu sigue enfrentando su proceso por corrupción y debe comparecer en tribunales varias veces por semana, según las informaciones publicadas. La paradoja es evidente: el mismo dirigente que promete «victoria total» gestiona su ofensiva entre audiencias judiciales y aliados que le piden que las imágenes de hambruna no lleguen a sus telediarios.
Qué se juega España y qué se juega la región
El reconocimiento del Estado palestino por parte del Gobierno español ha reavivado las teorías sobre sus motivos reales. Una corriente sostiene que responde a intereses ocultos y a una supuesta estrategia de reubicación de población; otra lo lee como un movimiento diplomático convencional en el marco europeo. Lo cierto es que el anuncio de Netanyahu coloca a los socios occidentales ante un dilema sin salida cómoda: sostener la operación militar o sostener el relato humanitario. Las dos cosas a la vez tienen fecha de caducidad.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: si la ayuda mínima evita la hambruna pero no la ofensiva, y la ofensiva impide cualquier salida diplomática, nadie ha explicado todavía cómo se sale de aquí sin que uno de los dos bandos desaparezca del mapa. Y eso, con o sin anexión formal, sigue sin respuesta.