Irán, entre la derrota militar y el crudo a la baja
¿Está Irán al borde del colapso o es el relato interesado de quien necesita que caiga? La discusión arranca con una tesis tajante: los califatos de Europa se suben al carro vencedor porque huelen la inminente caída del régimen. A partir de ahí, el asunto se convierte en un pulso entre dos relatos que no comparten ni los datos. Un bando sostiene que Teherán perdió fuelle estrepitosamente, que el estrecho de Ormuz sigue cerrado y que los mercados ya descuentan su liquidación. El otro responde con una pregunta incómoda: si está derrotado, ¿por qué Washington negocia con él el fin del conflicto en lugar de ponerle la capitulación encima de la mesa?
El crudo como termómetro del relato
El precio del
petróleo es el campo de batalla donde se dirimen estas dos versiones. Hay quien afirma que el Brent cotiza a 107 dólares y que el crudo físico en el Golfo alcanza los 150, una horquilla que desmiente la tesis de la rendición inminente. Frente a eso, la lectura contraria insiste en que el crudo va a la baja y que el gráfico dibuja un triángulo que puede romper en cualquier dirección. La ironía más repetida: si alguien tuviera la certeza de que Irán se hunde, bastaría con meterse corto en crudo, empeñar la casa y esperar el win win. Nadie lo hace.
La comparación histórica también se usa como arma. La guerra de Yom Kipur duró dos semanas, pero las consecuencias sobre la oferta y la demanda de combustibles se arrastraron una década entera. El argumento sirve para recordar que un conflicto corto no garantiza un shock energético corto, y que quien mire solo el precio de hoy se equivoca de horizonte temporal.
Ormuz, la flota fantasma y los barriles que sí salen
El estrecho de Ormuz es el dato que más se repite y el que más se malinterpreta. Una parte del análisis sostiene que el bloqueo estrangula a los vecinos del Golfo, pero no a Irán: una flota fantasma de petroleros permite a Teherán mantener sus exportaciones en volúmenes casi idénticos a los de antes del conflicto. Los cálculos que circulan hablan de 12 millones de barriles exportados durante la guerra, equivalentes a unos seis días de sus exportaciones previas, cuando movía alrededor de dos millones de barriles diarios. Antes del inicio de las hostilidades ya había millones de barriles iraníes almacenados en alta mar buscando comprador.
La conclusión que extraen algunos es que el cierre del estrecho no ahoga a quien lo cierra, sino a quien depende de él. Y que la economía iraní, lejos de colapsar en semanas, sigue financiando su esfuerzo bélico con el mismo crudo de siempre.
El frente militar y el desgaste que no se ve
En el plano estrictamente militar, las versiones divergen aún más. Un sector afirma que Israel suspendió las clases presenciales por su sistema de defensa, considerado el mejor del planeta, mientras que del otro lado se denuncia el uso de infraestructura civil con fines militares. Se cita el caso de un colegio convertido en enclave militar donde murieron más de 120 menores usados como escudos humanos, un episodio cuya autoría y circunstancias se atribuyen de forma interesada según quien lo cuente.
La guerra de desgaste tiene un coste humano que se mide en reemplazos: solo queda un millón de efectivos disponibles para reponer bajas, según una de las estimaciones que circulan. Es el tipo de cifra que no aparece en los titulares triunfalistas y que explica por qué algunos hablan de victoria y otros de barraca hundida.
Quién negocia con quién y por qué importa
El argumento más incómodo para la tesis de la derrota integral es diplomático. Si Irán estuviera vencido, la capitulación se le pondría encima de la mesa para que la firmara. En cambio, lo que se describe es lo contrario: Washington negocia directamente con Teherán el fin del conflicto, y el estado israelí habría sido obligado a negociar con Líbano y a respetar una tregua. Eso no encaja con un país sin capacidad militar.
Del lado contrario, la presión económica se presenta como asfixiante: el presidente iraní habría entrado en pánico al comprobar que su delegación volvía con las manos vacías de las negociaciones en Islamabad, sin dinero para pagar salarios y con un país al borde del colapso en semanas. Son fuentes citadas por medios israelíes, lo que no las invalida, pero tampoco las convierte en verdad revelada.
El juego de las potencias y el precio de la gasolina
El tablero se lee en clave de hegemonía. Hay quien describe cuatro centros de poder que se disputan el orden mundial: China, Rusia, el Occidente que integra anglosajones, latinos europeos e Israel, y los países integristas musulmanes. España, en esa foto, cuenta poco dentro de su alianza, aunque nada obliga a que siga siendo así.
La incongruencia que se señala es económica: si el resurgimiento chino preocupa tanto a Occidente, ¿por qué se le regaló la industria con décadas de deslocalización? Ahora se libran guerras por miedo al monstruo que se creó, mientras el ciudadano europeo se queja de pagar unos euros más al llenar el depósito. Ese es el coste real que llega a la cesta de la compra, y el que decide elecciones.
Al final, la pregunta sigue sin respuesta: si Irán está liquidado, ¿a qué viene tanta negociación? Y si no lo está, ¿por qué el crudo no se dispara? Alguien miente, o simplemente nadie sabe leer un triángulo.