Inmigración: ¿Integrarse o asimilarse? El debate sobre la inmigración

Imagen editorial de un plató de entrevista televisiva con dos interlocutores frente a frente y banderas difuminadas al fondo
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La diferencia entre integrar y asimilar no es un matiz semántico de tertulia. En una entrevista emitida el 18 de octubre de 2026, el polemista francés Éric Zemmour sostiene que el «pecado original» de la política migratoria francesa fue pedir integración en lugar de asimilación, porque «cuando uno pide todo, obtiene algo; cuando no pide nada, no obtiene nada».

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Dejemos ya de una vez de decir que los forasteros deben integrarse.
¡A ver!, ¡se trata de que se asimilen, no de que se integren meramente! Pas pareil !!

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Vídeo del 18 de octubre del 2026. Traducción del minuto 1:30 al minuto 5:03.

—Ellos no se sienten franceses.

—¿Por qué?

—Enarbolan banderas palestinas, argelinas, ingenieros… Yo nunca enarbolo una bandera de un país extranjero. No se sienten franceses. Francia, para ellos, la nacionalidad lo es solamente para tener los papeles, para recibir beneficios sociales, etc., pero su país de corazón es el país de sus padres. Incluso yo diría que esto resulta evidente para la mayoría. Sí, claro, siempre hay excepciones, y yo conozco un caso; pero, globalmente, podemos decir que es este el problema y además es precisamente esta la cuestión.

—¿Y de quién es la culpa? ¿Hay quienes dicen que se trata de años de fracaso, de años de «comprar» soluciones en lugar de haberlos integrado o asimilado realmente?

—¡Ah!, de entrada, no es lo mismo. Si me sacan el tema, lo primero que diría es que el error fundamental fue pedir la integración en lugar de la asimilación. Ese es el pecado original. Porque cuando uno pide todo, obtiene algo; cuando no pide nada, no obtiene nada. La integración no es nada: significa trabajar y respetar la ley, que es lo mínimo. Cuando uno quiere convertirse en francés, debe asimilarse. Eso significa volverse igual a los demás. Volverse igual significa apropiarse de la historia del país, adoptar sus costumbres, ponerles nombres franceses a los descendientes, etc.

—Pero hay muchísimos que hacen eso. ¿Acaso piensas que son solo excepciones?, ¿no están orgullosos de ser franceses, orgullosos de la bandera francesa...? En realidad, hay muchísimos casos de éxito de personas de origen forastero. Resulta difícil sostener que se trata solo de excepciones.

—Bruno, te digo que no lo creo. Me vas a hablar de personas provenientes de la inmi gración árabo-musulmana (no me refiero a personas de origen asiático) que les ponen nombres franceses a sus descendientes, ¿verdad? Conozco un caso: Jamel Debbouze. Y, por cierto, lo explicó muy bien, de una manera bastante conmovedora y a la vez bastante graciosa: llamó a su descendiente Léon porque el padre de su esposa se llamaba Léon. ¿Y sabes qué le dijo su propio padre? Él mismo lo cuenta: «Yo nunca lo llamaré Léon; lo llamaré "Ali"». Y, de hecho, le puso «Ali» como segundo nombre. Me parece muy bien (que le llamase Léon). Es exactamente lo que yo propongo. Pero solo hay uno.

—Éric Zemmour, volveremos al núcleo del asunto, pero usted considera que todo está relacionado. Nos explicará exactamente cómo. ¿Acaso el hecho de no poner a los descendientes nombres franceses —o nombres que figuren en el calendario, digamos, cristiano— constituye una ofensa a Francia? ¿No cree que hay muchos ciudadanos y ciudadanas —quizás incluso la persona que tiene delante— que eligen ciertos nombres para sus descendientes debido a historias familiares muy distintas, que tal vez usted desconozca, y que aun así aman a Francia como nadie más la ha amado?, ¿incluso más que algunos de esos franceses a quienes usted llama «de pura cepa», quizá? Y, dado que es imposible escrutar lo más profundo del corazón y el alma de cada uno… a veces sucede que se lleva a Francia muy adentro del corazón.

—Le diré una cosa, Sonia: el problema no es el amor; hay que dejar eso ya.

—¿Las pruebas?

—Hay miles de millones de seres humanos en todo el mundo que aman a Francia. Los estadounidenses aman a Francia, los italianos aman a Francia, los ingleses…

—Quienes han destrozado no aman a Francia.

—Pues precisamente, ya ve, pero esa no es la cuestión (que baste con «amar»). La cuestión es: ¿se está uno apropiando de la historia de Francia a través de todos los medios posibles? Los nombres de pila es solo uno de los puntos, pero hay más. También están las costumbres, también está la valoración de la laicidad…
 
Se trata de que se asimilen, pero también de que la cantidad de forasteros sea moderada y racional, y no lo es desde hace ya algunos decenios, ninguna de las dos cosas.
 
La laicidad «de» Éric Zemmour espero que no implique un menosprecio del carácter tradicionalmente cristiano de Francia, sino que se entienda en el sentido cristiano de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. La presencia protagonista de esas dos instituciones, Estado e Iglesia es un fenómeno único en el mundo de las diferentes civilizaciones, solo lo vemos en Occidente (antes llamado, precisamente, la Cristiandad), («Iglesia» u otra religión en otras civilizaciones). No se excluyen ni deben hacerlo, sino cooperar; por ejemplo, el Estado se encargará de juzgar al ladrón y, si hace falta, de meterlo en la cárcel, pero la Iglesia le ofrecerá una justicia no violenta (al revés que la del Estado) mediante el sacramento de la Reconciliación y el secreto de confesión. Ambas cosas son necesarias. Y cuando uno de los dos estamentos trate de apropiarse de las facultades del otro, este otro tendrá que darle un toque, como cuando por ejemplo el Estado, entonces Imperio romano, trató de hacer ver a todo el mundo que era sagrado al autoproclamarse Sacro Imperio Romano Germánico; la Iglesia, en este caso, replicó a sus dirigentes:

—¡Limítense a sus funciones! ¡De lo espiritual nos encargamos solo nosotros!

Las funciones del Estado son procurar que haya seguridad en las calles, impartir justicia, hacer carreteras, colegios, recaudar impuestos para que todo ello sea posible… Las cosas del mundo. Las de Dios, la Iglesia. Precisamente el Evangelio y homilía de la misa de ayer trataban de ello:

 
Última edición:
Pedir que se sienta francés a alguien que no es francés es complicado. ¿Cómo va a asimilar la historia y cultura si le es totalmente ajena?
 
Pedir que se sienta francés a alguien que no es francés es complicado. ¿Cómo va a asimilar la historia y cultura si le es totalmente ajena?
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Pero precisamente Éric Zemmour dice, ha dicho muchas veces en muchas entrevistas, artículos que ha escrito, mítines, conferencias… que ese grupo no se asimila, o es muy difícil que quieran/puedan hacerlo. Supongo que cuando habla de que se asimilen, en realidad insinúa que no pueden hacerlo, más que desear que lo hagan, pues es poco esperable, poco probable, que lo hagan, y él lo sabe perfectamente. No obstante, si lo logran, bienvenidos sean, diría Zemmour, para lo cual deberían practicar el sarracin muy en privado y vivir en la sociedad y moverse por el país cual si de franceses se tratase; de hecho, como efectivamente un francés, no solo aparentarlo.
 
En España, el único político que habla como Éric Zemmour en el sentido de diferenciar entre asimilación e integración es Roberto Vaquero, presidente de Frente Obrero.

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O "de fuera vendrán que de tu casa te echarán"

Tenemos unos cuántos refranes muy adecuados para definir ésta distopía en la que nos han metido.
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Ojalá pudiéramos traer a colación este otro:

—A enemigo que huye, puente de plata.

Que, milagrosamente, ellos manifestaran algún atisbo de tentación o deseo de volver a sus países (o el de sus padres o abuelos, y con estos) para no volver más. En ese caso, a facilitarles las cosas toca.

Y, ¡qué caramba! Aunque no lo deseen, ¡deportaciones ya!
 
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Ojalá pudiéramos traer a colación este otro:

—A enemigo que huye, puente de plata.

Que, milagrosamente, ellos manifestaran algún atisbo de tentación o deseo de volver a sus países (o el de sus padres o abuelos, y con estos) para no volver más. En ese caso, a facilitarles las cosas toca.

Y, ¡qué caramba! Aunque no lo deseen, ¡deportaciones ya!

No se van a ir, todo lo contrario, nos iremos nosotros si nos da tiempo y podemos.

No digo que todos, pero hay personas que podrían aprovechar una situación de caos para generar violencia.

¿No has visto lo que está pasando en Francia?

Pues eso no es nada para lo que podría venir en el futuro.
 
Pedir que se sienta francés a alguien que no es francés es complicado. ¿Cómo va a asimilar la historia y cultura si le es totalmente ajena?

Pues hay españoles viviendo en el extranjero que se sienten del país en el que viven.

Hoy mismo entrevistaban a una señora española que vive en París, decía que sus hijas son "francesas" y criticaba que los manifestantes llevan banderas de Palestina, Jovenlandia y cualquiera menos la francesa.
 
Pues hay españoles viviendo en el extranjero que se sienten del país en el que viven.

Hoy mismo entrevistaban a una señora española que vive en París, decía que sus hijas son "francesas" y criticaba que los manifestantes llevan banderas de Palestina, Jovenlandia y cualquiera menos la francesa.
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Yo estuve nueve años y me asimilaba, Francia es un poco como mi segunda patria.
 
Vaya con el Zemmour: propone expulsar del país a descendientes de forasteros de 3ª o 4ª generación que participan en las protestas violentas destrozando mobiliario urbano o asaltando tiendas. Al mismo tiempo propone que los que han provocado daños materiales los paguen, ya sean ellos o sus familias.
 

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