Emigrantes españoles en Alemania: la tasa de delincuencia que desmonta prejuicios
El binomio inmigración-delincuencia se cae con un ejemplo histórico incómodo. Entre 1960 y 1973, más de 600.000 españoles emigraron a la República Federal de Alemania para trabajar como gastarbeiter. Su tasa de delincuencia era la más baja entre las grandes comunidades extranjeras: incluso inferior a la de los alemanes nacidos en el país.
Las cifras que se usan y se ignoran
El dato proviene de los informes policiales de la antigua Alemania Federal, aunque rara vez se cita en el debate público. Quienes lo rescatan lo contraponen a otras estadísticas, como la sobrerrepresentación de ciertos colectivos en las prisiones españolas. La comparación, sin embargo, ignora las condiciones de entrada: los españoles llegaron con contrato de trabajo, en plena expansión industrial alemana y con vivienda asignada en muchos casos.
Un modelo de integración laboral que ya no existe
El contexto económico lo explica casi todo. España exportaba mano de obra; Alemania la necesitaba. Más de dos millones de españoles abandonaron el país entre 1960 y 1973, según el estudio 'La Patria en la Maleta' de José Babiano y Ana Fernández. La mayoría no se quedó: el objetivo era ahorrar y volver. Esa migración de retorno, alimentada por las remesas, sostuvo la economía española y vació de prejuicios la convivencia en los países de acogida.
El precedente español demuestra que la relación entre migración y criminalidad depende más de las condiciones de entrada y del mercado laboral que del origen del migrante. Es una conclusión incómoda: implica que el problema no es la inmigración, sino el modelo de acogida. Y mientras esa idea no cale, el dato seguirá sonando a herejía.