Java concentra al 60% de Indonesia en solo el 7% del territorio
Imagínese vivir en una isla donde la densidad supera los 1.100 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que a unos cientos de kilómetros hay zonas con apenas 10. Esa es la realidad de Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo, que presenta uno de los desequilibrios demográficos más acusados del planeta. Java, con más de 150 millones de habitantes en 132.000 km², es la isla más poblada del mundo y alberga cerca del 60% de la población nacional sobre apenas un 7% del territorio. Sumatra, con 60 millones, tiene una densidad de 90 hab/km²; Kalimantan (la parte indonesia de Borneo) apenas 17 millones y 28 hab/km²; y Papúa, la antigua Nueva Guinea Neerlandesa, se queda en 5,6 millones y una densidad de 9,6 hab/km². ¿La explicación? El suelo volcánico fértil es la excusa fácil, pero la clave es la ingeniería colonial: los holandeses concentraron en Java las plantaciones, el ferrocarril y la administración, y Yakarta ha seguido chupando recursos del resto del archipiélago como una sanguijuela.
El idioma como herramienta de control
Para mantener la cohesión de un país tan disperso, Yakarta promovió el Bahasa Indonesia, una lengua artificial creada por nacionalistas a principios del siglo XX. Funcionó: hoy millones de indonesios hablan una lengua que no es la de sus abuelos, pero que permite ver la tele y pagar impuestos al mismo Estado. Homogeneizar para controlar. En 1999, cuando Timor Oriental intentó separarse, la respuesta fue la violencia: las milicias proindonesias arrasaron el territorio. El precio de la unidad nacional se pagó con sangre.
La natalidad, otro factor de desigualdad
La tasa de natalidad nacional es de 2,1 hijos por mujer, pero esconde diferencias: en Java y Bali baja a 1,8; en Sumatra y Kalimantan sube a 2,1-2,3; y en las Islas de Sonda Menores, Papúa Occidental y Molucas alcanza 2,5. Las regiones menos densas mantienen una mayor fecundidad, lo que sugiere que el desequilibrio no se corregirá solo. El dato que descoloca: mientras Java ve caer su natalidad, las periferias siguen creciendo, pero sin la infraestructura ni la inversión que concentra la isla central.