Halifax debió ser la Nueva York de Canadá: ¿por qué no lo es?
Imagina un puerto natural en la ruta marítima Europa-América, con un clima oceánico que en invierno apenas baja de cero grados (a las seis de la mañana marcaba 6 °C), a la altura del norte de España. Suena a ubicación de oro para una gran metrópolis. Sin embargo, Halifax, la capital de Nueva Escocia, no llega al medio millón de habitantes. Muy lejos de los seis millones de Toronto o los cuatro de Vancouver. La costa este de Canadá es una de las regiones más infra pobladas del país, con Terranova —superficie similar a Andalucía más Extremadura— albergando solo 450.000 almas. ¿Por qué?
El frío húmedo que cala los huesos
El argumento más repetido es el clima. Pero no basta con decir «hace frío»: en Montreal y Toronto también, y están densamente poblados. La clave está en la humedad y el viento. La corriente fría del Labrador baña la costa este, produciendo un frío húmedo y penetrante que, según quienes lo han sufrido, «es como una tortura china». A ello se suma la escasez de horas de sol: Stephen King describió Maine, justo al sur, como un lugar donde «parece que todo el día está anocheciendo» y con altas tasas de suicidio. Más al norte, la combinación es letal para el ánimo. Aunque Halifax y Saint John tengan temperaturas invernales más suaves que el interior, la sensación térmica y la melancolía ambiental pesan.
El lastre de la historia: de los vikingos a la deportación acadia
La región no ha tenido suerte con los asentamientos. Los vikingos, que llegaron a Terranova hacia el año 1000, no aguantaron y se fueron. Más tarde, los franceses establecieron Acadia, pero los británicos expulsaron a la población acadia en 1755, dispersándola hasta Luisiana (los actuales cajunes). Ese vacío poblacional no se recuperó del todo. Mientras el sur (Nueva Inglaterra) florecía, las provincias atlánticas quedaron como una frontera olvidada.
Economía de frontera: bacalao, ferrocarril y la sombra estadounidense
La pesca del bacalao fue durante siglos el motor económico, pero el colapso de los caladeros en los años 90 dejó a la región sin su principal industria. El ferrocarril transcontinental que unió Canadá de este a oeste se construyó para contrarrestar la influencia de EE.UU., pero el trazado dejó a la costa este con una conexión deficiente. Hoy, la red ferroviaria canadiense sigue dependiendo de los corredores hacia Estados Unidos, y las provincias atlánticas quedan en un callejón sin salida. El resultado es que más del 90% de los canadienses vive a menos de 200 km de la frontera estadounidense, concentrados en el corredor Windsor-Quebec. Halifax, pese a su puerto, no logra competir con la cercanía al mercado estadounidense.
Un futuro incierto entre la riqueza marina y el declive
La paradoja es que la costa este posee una de las mayores zonas económicas exclusivas (ZEE) del mundo, rica en recursos pesqueros y potencial energético. Sin embargo, la falta de población y de inversiones lastra su desarrollo. Mientras Toronto sigue engordando, Terranova pierde habitantes año tras año. El dato que descoloca: Halifax tiene temperaturas más suaves que Montreal, pero Montreal crece y Halifax se estanca. La respuesta no está solo en el termómetro, sino en una combinación de geografía humana, errores históricos y la irresistible atracción del sur.