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India ha presentado formalmente su candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos de 2036. El anuncio llega con un país que aún no ha construido la mayoría de las infraestructuras necesarias y que arrastra dudas sobre su capacidad de organización.
India ha presentado formalmente su candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos de 2036. El anuncio llega con un país que aún no ha construido la mayoría de las infraestructuras necesarias y que arrastra dudas sobre su capacidad de organización.
India ha presentado formalmente su candidatura para albergar los Juegos Olímpicos de 2036. Lo ha hecho sin que exista todavía un plan detallado de sedes, plazos o financiación pública. El anuncio llega en un momento en que el país presume de ser la quinta economía del mundo por PIB nominal, según datos del FMI correspondientes a 2025.
La candidatura no es una sorpresa. El primer ministro Narendra Modi lleva años diciendo que India debe organizar unos Juegos. En 2023, durante la cumbre del G20 en Nueva Delhi, ya se habló de la aspiración olímpica como parte de una estrategia de proyección internacional. Lo que cambia ahora es que el bid es formal, no un deseo.
El problema es que una candidatura olímpica no se sostiene solo con voluntad política. El COI exige garantías económicas, planes de transporte, villas olímpicas y recintos que cumplan estándares técnicos. India parte con una desventaja: no ha organizado unos Juegos desde 1982, cuando acogió los Asiáticos de Nueva Delhi.
Quien haya seguido el deporte indio recuerda los Juegos de la Commonwealth de 2010 en Delhi. Fueron un escaparate de retrasos, sobrecostes y denuncias por corrupción. El puente peatonal que colapsó cerca del estadio Jawaharlal Nehru dejó 27 heridos días antes de la inauguración. El presupuesto inicial de 270 millones de dólares acabó multiplicándose por varias veces.
Ese antecedente pesa. El COI no olvida. Tampoco los contribuyentes indios, que vieron cómo se gastaron miles de millones en infraestructuras que luego quedaron infrautilizadas. La candidatura de 2036 tendrá que explicar qué se hace distinto esta vez.
India no es el único país interesado. Indonesia, Turquía, Chile y una posible candidatura conjunta de varios países africanos también suenan para 2036. La decisión final del COI no se espera antes de 2029. Hay tiempo, pero también mucho que demostrar.
Organizar unos Juegos es una operación de imagen. India quiere dejar de ser vista como una potencia emergente y ser tratada como una potencia establecida. El deporte es una vía barata comparada con otras formas de diplomacia. También es una forma de atraer inversión y turismo.
Pero el coste real de unos Juegos es difícil de justificar cuando el país tiene 1.400 millones de habitantes y carece de infraestructuras básicas en amplias zonas. La sanidad pública india gasta alrededor del 3% del PIB, según datos de la OMS de 2021. La educación, otro tanto. Poner el foco en unos Juegos mientras esas cifras no se mueven genera preguntas incómodas.
La candidatura es un hecho. Que llegue a buen puerto depende de algo más que un tuit. Depende de que India convenza al COI de que puede construir a tiempo, gastar sin desmadrarse y no repetir 2010. Eso, hoy, está por ver.
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