¿Dejar de procrastinar? El nuevo lujo de la clase media
Dormir 14 horas para lograr 15 minutos de concentración. O trabajar 16 horas al día sin poder parar. Dos extremos que ilustran la paradoja de la productividad en la sociedad actual. Un debate reciente ha enfrentado a quienes creen que la solución está en la disciplina y la naturaleza contra los que sostienen que la obsesión por ser productivo es una trampa consumista.
El mito del TDAH autodiagnosticado
Por un lado, un sector clama por un diagnóstico médico real. Señalan que en España es casi imposible obtener tratamiento para el TDAH adulto, mientras los antidepresivos se recetan como caramelos. La medicación como el metilfenidato (Rubifen 5mg) está hipercontrolada, y quien la consigue lo hace casi de contrabando. Frente a esto, otros argumentan que la rumiación y la procrastinación son universales, no un trastorno. “No es cosa tuya por ser tan especial”, se dice, y se apunta a que la solución es volver a lo básico: naturaleza, silencio, y cero pantallas.
Consumo de consejos: la industria de la productividad
Irónico que el debate se desarrolle en un subforo de consumo responsable. Se han probado métodos como el Pomodoro, GTD, yoga, correr… y nada funciona. La oferta de soluciones es interminable: desde baños de bosque hasta cuadernos de recompensas. Pero alguien pone el dedo en la llaga: “¿Para qué quieres ser productivo? El objetivo debería ser estar tranquilo y hacer lo que te dé la gana sin culpabilizarte”. La vida, según esta corriente, es una rutina patética de trabajo, comida y distracciones. No hay transcendencia.
La alternativa: rendirse o cambiar de vida
La discusión revela una brecha generacional y de estilo de vida. Quien vive en Malasaña (Madrid) no puede permitirse un paseo de una hora hasta el Retiro porque la tendinitis se lo impide. En cambio, el que se retira al chalet en el monte asegura que todo se soluciona sin tele ni estímulos baratos. La ciudad y la tecnología son el enemigo, pero también el hábitat forzado de la mayoría.
No hay consenso. Quizá la procrastinación no sea un problema individual sino una respuesta sensata a un entorno que exige productividad sin sentido. Mientras, unos duermen 14 horas para arañar 15 minutos de atención, y otros no pueden parar de trabajar 16. El lujo de la clase media ya no es el ocio, sino la capacidad de concentrarse.
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