Hungría aplica un 9% en sociedades y el paro ronda el 4%
El país centroeuropeo aplica desde enero de 2017 un tipo único del
9% en el impuesto de sociedades, según los datos que se manejan en el debate. Antes funcionaba una escala de dos tramos: 10% hasta 1,7 millones de euros de beneficio y 19% por encima de ese umbral. Casi ocho años después, el
desempleo ronda el
4%, según las cifras citadas por los participantes, y hay quien sostiene que el salario medio se ha multiplicado por tres en quince años. La coincidencia de ambas cifras ha reabierto la vieja disputa sobre la curva de Laffer: ¿bajar impuestos recauda más, lo mismo o menos?
Qué cambió exactamente en el sistema fiscal húngaro
El cambio no se limita al impuesto de sociedades. Según los datos que circulan, los menores de 25 años no pagan IRPF, lo que supondría un ahorro fiscal directo para los trabajadores jóvenes y para los autónomos que arrancan. El diseño busca retener talento y aflorar actividad, no engordar las arcas públicas a corto plazo. Ese es el punto que más se repite:
el mantra neoliberal nunca prometió recaudar lo mismo, sino recaudar más por la vía de ensanchar la base, según quienes defienden esa tesis.
La letra pequeña importa. Un tipo del 9% sin excepciones ni tramos elimina buena parte de la ingeniería contable que en otros países sirve para bajar del 25% real al 15% efectivo. La pregunta es si ese 9% plano compensa la pérdida de progresividad. Hay quien sostiene que no, y que el ajuste se paga en servicios públicos peor financiados. El cálculo completo, partida a partida, da diferencias que sorprenden, según algunos participantes.
El paro del 4% y el salario medio: ¿milagro o espejismo?
El dato del desempleo húngaro se ha convertido en el arma arrojadiza favorita. Con un 4% de paro, el país se sitúa en niveles que España no ve desde hace décadas, según los datos citados. El salario medio, además, se habría multiplicado por tres en quince años, y el SMI sería más alto que el español en proporción a los sueldos medios, según quienes defienden esa lectura. Son cifras que circulan y que cada cual interpreta según su libro.
El escenario pesimista parte de otra base: si los húngaros tienen que pagar de su bolsillo sanidad, educación o pensiones que en España cubre el Estado, el ahorro fiscal se evapora. Es el argumento clásico contra los tipos bajos, y tiene su lógica. Lo que no resuelve es por qué el paro no sube cuando el colchón público se adelgaza, según plantean algunos.
La trampa del dato aislado: Somalia, Dinamarca y otros fantasmas
Cualquier discusión sobre fiscalidad acaba en el mismo sitio: alguien menciona Somalia. El recurso es tan viejo como previsible, y tan poco informativo, según algunos participantes. Somalia no es un experimento liberal, sino un Estado que implosionó por otras razones y que hoy se autodenomina socialista, según sostienen algunos. Ponerlo como ejemplo de lo contrario es no haber leído ni el titular, afirman.
En el otro extremo aparece Dinamarca, que no tiene salario mínimo y no por eso es un páramo, según se señala en el debate. La comparación sirve para recordar que las instituciones, la cultura y el tamaño del sector público pesan más que un tipo impositivo concreto. Ningún país se explica por una sola casilla de la declaración.
Por qué la UE mira a Hungría con recelo
El Gobierno húngaro ha convertido su política fiscal en una bandera política frente a Bruselas, según algunos participantes. Eso explica parte del ruido: cada dato bueno se convierte en propaganda y cada dato malo en una acusación. La desconfianza es mutua y el debate técnico se ahoga en el político, según esa lectura.
Mientras tanto, en España la brecha entre ricos y pobres ha crecido más que en trece años, según los informes que se citan. Ese contraste alimenta la tesis de que el problema no es cuánto se recauda, sino en qué se gasta y quién paga la fiesta, según algunos. La burocracia y el peso del empleo público entran en la ecuación.
La curva de Laffer y el punto de máxima recaudación
La curva de Laffer sostiene que existe un tipo a partir del cual subir impuestos reduce la recaudación. El matiz que casi nadie menciona: eso solo ocurre si se está a la derecha de ese punto. Si un país ya está a la izquierda, bajar tipos recauda menos. El Banco de España ha publicado documentos que apuntan a que España no estaría donde algunos creen, según se afirma en el debate.
De ahí la trampa del argumento. No es lo mismo decir que bajar impuestos puede recaudar más que decir que siempre lo hace. La diferencia entre ambas frases es la diferencia entre un principio económico y una consigna.
El coste real de la fiesta pública
El otro hilo del análisis es el gasto. Cada año se aprueba un presupuesto y cada año hay una cuenta de resultados con lo que se ingresa y lo que se gasta, según se recuerda en el debate. La discusión sobre Hungría termina siendo, en realidad, una discusión sobre España: cuánto de lo recaudado se convierte en servicios y cuánto en estructura.
La conclusión no llega. Con estos diferenciales de paro y de presión fiscal, la comparación debería zanjarse sola, y no lo hace. ¿Es Hungría un modelo exportable o un caso irrepetible que solo funciona en su contexto?