Huir de Microsoft: una recomendación que parte la bolsa en dos
¿Un buen consejo? Depende de a quién preguntes. Mientras unos inversores miran a Microsoft como un dinosaurio con los días contados, otros ven la máquina de hacer dinero de siempre. La cuestión no es nueva: el gigante de Redmond siempre ha llegado tarde a todo, excepto a la nube, donde Azure sostiene la cuenta de resultados. La pregunta es si esa ventaja compensa un catálogo de productos que, para muchos, huele a naftalina.
El lado oscuro del imperio
Microsoft ha construido su leyenda a base de copiar y fagocitar: navegadores, móviles, consolas. La lista de fracasos es larga. Xbox quema dinero, el explorador nunca despegó y Windows es un lastre que solo se mantiene por inercia. Ahora, en la carrera de la inteligencia artificial, Copilot no termina de despegar: las suscripciones de 20 eurillos al mes no cubren las expectativas. Los más críticos señalan que el verdadero negocio es Azure y que sin él la acción no se sostendría. Incluso el todopoderoso Office 365 empieza a sufrir la competencia de herramientas como Canva o Claude Excel, que se llevan a los usuarios más jóvenes y dejan a Microsoft con la clientela de "jefes boomerazos". Hay quien sostiene, además, que la compañía no ha desarrollado un modelo de IA propio y se ha limitado a aliarse con OpenAI, un "sustancia ilegal perdedor" que no termina de monetizar.
Los números no discuten (por ahora)
La otra corriente recuerda que las cuentas mandan. Azure lleva años dando resultados, la compañía genera ingresos crecientes con suscripciones de Office, y la apuesta por OpenAI —con un 27% del capital— puede revertir el rumbo. La estrategia histórica de Microsoft no es innovar, sino esperar, absorber y aplastar. Es lo que algunos llaman “embrace, extend, extinguish”. Y funcionó con GitHub, con Skype, con LinkedIn. ¿Por qué no iba a funcionar con la IA? Hay hasta quien ve un suelo técnico claro: un inversor confesaba haber entrado en el valor a 359 dólares, en un nivel que consideraba el mínimo de dos años. “Lleva demasiado tiempo entre nosotros”, decía, para darla por perecid.
El factor geopolítico que no sale en el trinc
Aquí el pulso da un giro: Microsoft no es solo una empresa, es un brazo del gobierno federal de EE.UU. El espionaje industrial a través de OneDrive y Office 365 es un activo demasiado valioso como para dejar que la compañía se hunda. Los mismos que recomiendan huir señalan que la verdadera disrupción está en Palantir, la firma que se ha convertido en el centro organizador del aparato de defensa y seguridad estadounidense. Mientras tanto, Europa agita la bandera de la independencia tecnológica —Francia quiere “independizarse de Windows”—, pero choca con una realidad: sin tecnología made in USA, este continente aterriza en 1989. Ironías del destino: el capitalismo realmente existente no deja de ser un plan de pensiones para el complejo militar-industrial.
Total, que quien avisa no es traidor. Pero antes de vender todas tus acciones de Microsoft, recuerda que este pulso ya se ha visto antes con Google, con Apple, con todas. La acción sigue tocando máximos anuales mientras los agoreros la entierran. Que cada uno haga sus números. O mejor, que los haga con la calculadora de Office, ese software que tanto huele a naftalina.