Iker Jiménez: de estrella de la disidencia COVID a altavoz del discurso oficial en Cuatro
En apenas cuatro años, Iker Jiménez ha pasado de ser el referente de los escépticos de la pandemia a conducir un programa diario en Cuatro que corrige en directo a sus reporteros si se desvían de la narrativa proisraelí. El giro no es sutil: cuando una enviada especial mencionó que los ciudadanos árabes de Israel tenían menos acceso a refugios antiaéreos que los judíos, el presentador la desmintió al instante. La escena, grabada y difundida en redes, resume la evolución de un comunicador que muchos consideraban «el único que decía la verdad».
De la tele perdida al regreso con dos programas
Al inicio de la pandemia, Iker perdió su espacio en televisión y comenzó a emitir por internet. Allí dio voz a médicos y analistas que cuestionaban el confinamiento y las vacunas. La audiencia creció. De forma repentina, Cuatro le devolvió un programa los jueves y poco después otro los domingos. En paralelo, su discurso en antena fue suavizándose hasta alinearse con las tesis oficiales. «De la noche a la mañana, le devuelven su programa y la versión abierta de internet desaparece», resumía un análisis recurrente en los círculos de seguidores.
El affaire Gisbert y el giro sionista
El caso de Rubén Gisbert es paradigmático. El periodista fue invitado habitual hasta que un vídeo lo mostró manchándose de barro a propósito durante la cobertura de la DANA de Valencia. Aunque Gisbert lo negó, Iker lo apartó del programa. Sin embargo, la investigación de Gisbert sobre un controvertido multimillonario israelí sigue siendo alabada. El verdadero punto de inflexión llegó con el ataque de Hamás de octubre de 2023. Desde entonces, Horizonte ha adoptado una línea marcadamente proisraelí, invitando a analistas que antes habrían sido tachados de «sionistas» y evitando cualquier crítica a las acciones de Israel. «La comunidad judía envió un mensaje a la portería y rectificaron rápido, obedientemente y sin vergüenza», resumía un observador.
¿Oposición consentida o vendido al dinero?
Dos posturas se enfrentan. Una sostiene que Iker es un ejemplo de «oposición consentida»: el sistema tolera cierta disidencia mientras no toque los pilares del poder (Israel, vacunas). La otra afirma que se ha vendido por la audiencia y el sueldo fijo de Mediaset. La realidad es que su programa diario (antes semanal) requiere un flujo constante de contenido que difícilmente cuestionaría a sus patrocinadores. «Mientras tenga audiencia estará a salvo», apunta una tercera vía, menos conspirativa. Lo que está claro es que Iker ya no es el mismo que hace seis años cerraba Cuarto Milenio con reflexiones sobre la ingeniería social y los peligros del globalismo.
La pregunta que queda
Si Iker Jiménez fue en su momento el altavoz de una corriente de pensamiento que los medios ignoraban, ¿qué ha cambiado? El dinero, la audiencia o un toque de atención desde las alturas. El programa sigue siendo el más visto de su franja, pero su credibilidad ante los que una vez lo aclamaron está bajo mínimos. Como decía un viejo comentario: «La velocidad con que rectificó una verdad por una mentira es lo más inquietante».
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