Españoles en Dubái: el rescate que no merecen
Los mismos que se fueron a Emiratos Árabes para no pagar impuestos en España son ahora los que ocupan portadas de televisión suplicando que el Gobierno de Pedro Sánchez les saque de allí. La hipocresía tiene precio, y algunos quieren que lo paguemos todos.
El perfil del 'exiliado fiscal' que pide auxilio
No es un secreto que Dubái se ha convertido en el paraíso fiscal preferido de ciertos españoles: cero IRPF, sol artificial y la posibilidad de aparentar un estatus que en la Península Ibérica les resultaría prohibitivo. Pero cuando los misiles sobrevuelan el desierto, el discurso cambia. De repente, el Estado del que renegaron se convierte en su salvación.
Una corriente de opinión sostiene que estos expatriados no son más que "fachapobres" que nunca fueron ricos de verdad: los que realmente tienen patrimonio ya se han ido en sus jets privados. Los que quedaron atrapados son aquellos que vivían al límite, sin colchón financiero ni patrimonio diversificado, y ahora buscan que el contribuyente español les saque las castañas del fuego.
La doble vara de medir
El debate no se limita a si deben ser rescatados o no. Aparece la pregunta incómoda: ¿por qué se exige solidaridad para quien voluntariamente decidió desvincularse del sistema fiscal español, mientras se niega a los inmigrantes que vienen buscando una vida mejor? La hipocresía es mutua. Mientras unos defienden que "solo hay que rescatar a los contribuyentes", otros recuerdan que esos mismos contribuyentes han estado años evadiendo impuestos.
Los críticos con la repatriación estatal señalan que hay rutas alternativas: alquilar un coche hasta la frontera saudí, cruzar el desierto (12 horas de carretera) y tomar un vuelo desde Riad. Todo cuesta dinero, pero si presumen de moverse en ambientes premium, deberían poder costearlo. "Que se busquen la vida", es el mantra.
La factura del rescate
Mientras en otros países la repatriación tiene un precio público, en España sería gratis. Esto genera malestar entre quienes consideran que no se debe premiar la irresponsabilidad. La propuesta de pasarles la factura después parece razonable, pero choca con la realidad: muchos de ellos carecen de patrimonio en España o lo tienen blindado.
¿Agradecimiento o nueva huida?
Una vez en suelo español, ¿se quedarán o volverán a marcharse en cuanto puedan? La experiencia dice que la mayoría buscará un nuevo paraíso fiscal antes de cumplir los 180 días que marcan la residencia fiscal. El ciclo se repite: evasión, riesgo, rescate, y otra vez evasión. Mientras, la confianza en el sistema se resquebraja.
La pregunta que nadie responde es quién paga realmente el pato: si el Estado rescata a quienes no contribuyen, el mensaje es que puedes irte, no pagar impuestos y, si hay problemas, el erario público te cubre las espaldas. Un seguro de viaje que ningún español de a pie tiene.
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