El último baile de Florentino: Mourinho y 140 millones en el aire
El Real Madrid abrió la temporada 2026/27 con dos certezas incómodas a la vez. José Mourinho vuelve a sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu más de una década después de su primera etapa. Y Florentino Pérez arranca lo que buena parte del madridismo interpreta como su último ciclo al frente del club: un fichaje récord, una renovación que divide a la grada y un centro del campo sin resolver desde la retirada de Kroos y Modric.
La pregunta ya no es si el proyecto deportivo funciona, sino cuánto tarda en desmontarse. Los números del verano no invitan ni al optimismo ni al catastrofismo. Invitan a mirar la cuenta de resultados y el doble pivote.
Diomande: 140 millones para el fichaje más caro de la historia
El club cerró la incorporación de Diomande por 140 millones de euros, la operación más costosa de sus 122 años de historia. El problema, señalan las lecturas más críticas, es que el desembolso no tapa ninguna de las urgencias reales de la plantilla: ni un mediocentro que sepa hacer circular el balón, ni un delantero centro de garantías.
Diomande llegó con 19 años y con la vitola de galáctico predilecto del presidente. La apuesta es a largo plazo; el reloj, en cambio, corre a corto. Y en el mismo mercado en el que se pagó esa cifra, el organizador que se llevaba años anunciando se marchó al máximo rival por menos dinero del que costó el penúltimo mediapunta de moda.
Vinicius renueva hasta 2032: 50 millones y silbidos en el Bernabéu
La renovación de Vinicius hasta 2032, con un salario cercano a los 50 millones de euros brutos por temporada, es otra de las decisiones que parten al madridismo. Llega después de una temporada en la que el brasileño encadenó 19 partidos consecutivos sin marcar y tras episodios extradeportivos que le han costado el favor de buena parte de la grada.
Aquí el análisis se atasca. Hay quien sostiene que el jugador sigue siendo un activo irreemplazable y que los silbidos responden a razones ajenas al fútbol. En contra pesa un dato tozudo: a cinco meses de poder firmar libre, el club blindó con una fortuna a un futbolista cuyo rendimiento lleva un año en declive visible.
Las cuentas del Bernabéu: 400 millones y un balance casi a cero
En lo económico, el relato oficial resiste el escrutinio. El estadio genera por sí solo cerca de 400 millones de euros anuales en ingresos, según las cifras que maneja el entorno del club, y eso sin los conciertos, paralizados pero con regreso previsto. El nuevo tour del recinto funciona como una máquina de recaudar y las entradas son prohibitivas. La reforma cumple.
El truco contable que más se repite es el de la cantera. Con la venta de jugadores formados en casa a precios altos, el balance de fichajes tiende a cero. Es decir: el club no reparte beneficios porque no es una sociedad anónima, así que el dinero se reinvierte o se diluye. La duda es si tanto músculo financiero se traduce en algo coherente sobre el césped. Ahí empiezan las grietas.
El centro del campo que nunca llega
El diagnóstico es unánime desde la retirada de Kroos y Modric: falta un mediocentro. El verano dejó escapar al organizador que se daba por hecho el año anterior a cambio de un mediapunta, y este año se ha vuelto a optar por renovar y por confiar en un doble pivote formado por Valverde y Tchouameni que, en la práctica, se considera incompatible. Ninguno de los dos hace circular el balón.
El plan táctico de Mourinho pasa por un 4-2-3-1 con Vinicius y Diomande en bandas y Bellingham de mediapunta. Funciona en el papel. Sobre el campo, sin un pasador en la base, cada ataque depende de una genialidad individual o de una contra. Es el viejo debate que el club lleva tres temporadas sin cerrar: mucho ingresos, mucho galáctico, cero construcción.
Mourinho, el vestuario y la exigencia perdida
La llegada de Mourinho se vendió como un correctivo disciplinario. El argumento era que la plantilla se había acomodado y necesitaba mano dura. Los primeros meses dejan una estampa incómoda: el técnico portugués reconoce en rueda de prensa que un jugador concreto está lejos de su mejor forma y, acto seguido, lo alinea los noventa minutos. Se lee como un mensaje al palco más que al vestuario.
El regreso del portugués trae exigencia, conflicto y una capacidad retórica que ya se conocía. También trae un problema nuevo: la plantilla actual no es la de 2012. Hay menos perros de presa y más divas protegidas desde arriba. Ningún entrenador, ni siquiera él, arregla una estructura que decide el presidente.
El contexto electoral que lo explica todo
Florentino Pérez revalidó el cargo en unas elecciones con una candidatura crítica que rondó el 35% de los votos. Ese tercio no es marginal. Representa un madridismo que ya no discute la gestión económica —ahí los números callan— pero sí el modelo deportivo y la protección de determinados jugadores por encima del interés del equipo.
El caso Zain late de fondo como símbolo de la desconfianza hacia el arbitraje y hacia lo que muchos consideran una liga diseñada para el rival. Es un asunto judicial abierto, sin resolución firme, y conviene tratarlo como tal.
Con estos mimbres, el ciclo 2026/27 se parece menos a un proyecto y más a una apuesta. Mourinho, 140 millones y una renovación de 50 al año deberían bastar para competir. El problema es el mismo de siempre: nadie ha explicado todavía quién construye el juego desde el centro del campo.