Mourinho vuelve al Madrid en el último baile de Florentino
Verano de 2026. El Real Madrid abre la temporada 2026/27 con dos certezas y una sospecha. La certeza es que José Mourinho vuelve a sentarse en el banquillo del Bernabéu. La otra es que Florentino Pérez afronta lo que propios y rivales leen como su último baile. La sospecha, la que quita el sueño a los socios, es qué ocurre con el 10% del club que el presidente ha puesto sobre la mesa. No es una pretemporada cualquiera.
Mourinho o la vuelta de la mano dura
El regreso del portugués ha partido a la afición. Una parte lo celebra como la vuelta del entrenador de la exigencia, ese capaz de poner a correr a una plantilla a la que se acusa de acomodada. Otra recuerda su primer ciclo por las ruedas de prensa incendiarias y por episodios como el del dedo en el ojo a un técnico rival, y apunta a Zidane y a Ancelotti como los grandes técnicos recientes. La respuesta de los primeros es que el club funciona por ciclos: cuando toca mano dura, toca Mourinho.
La duda táctica aparece desde el primer día. Mourinho planea recolocar a Güler como interior retrasando su posición, a la manera en que lo hacía Modric. La fórmula ya se intentó en un ciclo anterior y salió mal, avisan quienes siguen el detalle de los partidos. Falta por ver si el portugués logra que la plantilla corra lo que el equipo no corrió en los dos últimos años.
El mercado más caro sin tapar el agujero
El club ha oficializado el fichaje más caro de su historia, por encima de los 100 millones, y no cubre ninguna de las dos carencias señaladas desde hace dos veranos: un mediocentro creativo y un delantero. Circulan cifras que se salen de madre. 55 millones por Cucurella. 20 millones brutos anuales por Bernardo Silva. 200 millones por Olise. La queja recurrente es que el verano pasado estaba Zubimendi en el mercado y se prefirió a un mediapunta, con la excusa de esperar a Rodri.
Hay un detalle que descoloca: el refuerzo ofensivo que no llega convive con el regreso de un viejo conocido repescado, Endrick, en lugar de invertir ese dinero en la medular. La sensación que traslada el mercado es la de un club que compra estrellas y deja para mañana los puestos que llevan tres temporadas vacíos.
Rodri elige al Barcelona y el Bernabéu pide cabezas
El golpe llegó con Rodri. El mediocentro, señalado como mejor jugador del torneo de selecciones que España ganó el pasado verano, habría dicho no al Madrid para acabar en el Barcelona, según la versión que circula. El episodio ha reabierto el runrún de fondo: peticiones de dimisión de Florentino, la sensación de que el club pierde los fichajes que necesita y un reproche que se repite, el fichaje récord en lugar del mediocentro que el equipo pide a gritos. El mercado, para más inri, cierra el 1 de septiembre a las 23:59.
El 10% del club: el debate que no es deportivo
La operación que de verdad puede redibujar el club no es un fichaje, sino un papel. Florentino ha planteado vender hasta un 10% del accionariado, una maniobra justificada desde la directiva como una forma de «conocer el valor del club». El temor que recorre las gradas es otro: si los socios se convierten en accionistas, cualquiera podrá comprar acciones y, a la larga, tomar el control. Una parte del análisis replica que esa lectura infravalora al socio; otras voces van más lejos y hablan de un Madrid que acabará saliendo a Bolsa con folleto de la CNMV.
La camiseta de Ceuta y Melilla que no todos quisieron vestir
A todo esto se sumó la polémica de las camisetas. Un gesto institucional de apoyo a Ceuta y Melilla que, según esta versión, algunos jugadores de la primera plantilla habrían rehusado vestir. El asunto derivó en un debate jurídico de fondo: hasta dónde puede una empresa, y un club lo es, exigir a un empleado que defienda una causa. Frente al daño reputacional y de marketing que esgrimen los críticos, se recuerda que la legislación protege al trabajador. La polémica sigue abierta.
Sobre el césped: remontadas y viejos vicios
En los primeros partidos se ha visto lo de siempre. Mourinho alinea a los mejores para ganar el ochenta por ciento de los encuentros, y eso basta contra los rivales pequeños, pero reaparece el patrón de los dos últimos años: el balón llega al área fácil y luego se atasca en las individualidades. La gestión de Vinicius, señalado por sus conducciones sin final, pitado por un sector y defendido por otro, sigue dividiendo a la grada. Mientras, la sección de baloncesto, la otra pata del club, arrancará la Liga el 27 de septiembre contra el Unicaja.
Con Mourinho en el banquillo, el fichaje más caro que no arregla el medio campo, el 10% del club en el aire y la guerra de las camisetas sin cerrar, la temporada arranca con más interrogantes que certezas. Queda por ver si el último baile de Florentino termina en ovación o en moción. Los marcadores, como siempre, decidirán antes que los comunicados.