Luis Vuitton: el relato de un ex vendedor desvela salarios de 1.150 euros y una cultura de lavado de dinero
¿Qué se esconde detrás de las elegantes boutiques de Luis Vuitton? Un ex trabajador de la firma ha detallado en redes sociales una realidad muy distinta al glamour que vende la marca. Según su testimonio, los empleados perciben un salario base de apenas 1.150 euros, complementado con comisiones que apenas alcanzan el 1% o 2% para la mayoría de las ventas. La remuneración media rondaría los 1.800-1.900 euros, muy lejos de la imagen de opulencia asociada al lujo.
Sueldos de miseria y comisiones ridículas
El ex vendedor asegura que el salario fijo es de 1.150 euros, al que se añaden comisiones del 1% para productos de menos de 2.800 euros, del 2% para los de entre 2.800 y 8.000, y del 3% para los superiores. Si el cliente es local, las comisiones suben ligeramente: 1,5%, 3% y 4,5% respectivamente. Sin embargo, la mayoría de las ventas son de artículos pequeños —carteras, perfumes, cinturones— de entre 300 y 600 euros, lo que deja a los dependientes con ingresos modestos. «Con suerte llegan a 1.800-1.900 euros», afirma. Esta cifra contrasta con el volumen de negocio de las tiendas: en la de Serrano (Madrid), el objetivo anual de ventas por vendedor es de 2 millones de euros, y algunos llegan a los 8 millones. Las comisiones no reflejan ese esfuerzo.
Lavado de dinero de capitales y clientes de alto riesgo
Más grave aún son las acusaciones de lavado de dinero de capitales. El denunciante asegura haber visto «descaradamente» el uso de las tiendas para lavar dinero, con clientes que pagaban en billetes de 500 euros. Entre la clientela habitual, dice, hay mafiosos de Europa del Este, colombianos, británicos y «segarro con 28 puntos alrededor del ojo». También menciona a grupos de turistas chinos que, según una estimación, un tercio estarían vinculados a la mafia del lavado de dinero. La marca, sostiene, forma parte de la «traficante-cultura», con alijos de droja marcados con las siglas LV.
Una «secta» sin vida social
El ex empleado describe el ambiente laboral como una «secta». Los vendedores carecen de amigos fuera de la empresa, y el entorno está envenenado por el consumo de sustancia ilegal. Incluso relata la anécdota de un director que, tras esnifar, dejó caer una gota de sangre en la alfombra y la hizo pasar por pintura. La presión por vender y la lealtad enfermiza a la marca crean un aislamiento social que él compara con el de empresas como Accenture o Indra, aunque en el lujo la situación sería más extrema.
El negocio en declive
Pese a la imagen de éxito, el sector del lujo no atraviesa su mejor momento. Según el informante, las acciones han bajado y las costumbres de la clase media y alta están cambiando: las bicicletas de gravel y los gimnasios compiten ahora con los bolsos de diseño. «En Barcelona, una pija prefiere gastarse el dinero en una bici que da más foto en Instagram», ironiza. El negocio se muere, y la mala imagen de estas marcas —alimentada por los escándalos de lavado de dinero y explotación laboral— no ayuda.
La versión oficial de Luis Vuitton sobre sus condiciones laborales no ha sido contrastada, pero el testimonio, corroborado en parte por otros empleados del sector en la misma discusión, abre una brecha en el mito del lujo. Mientras, los vendedores siguen intentando «haiga» dinero con comisiones de risa.