La bandera de España: un origen naval que algunos quieren revisar
¿Es la bandera de España un diseño funcional para la Marina de guerra que se adoptó por pura casualidad? Eso sostienen quienes piden un cambio. La actual rojigualda nació como insignia naval en el siglo XVIII y se oficializó como bandera nacional casi de rebote: en 1812, al firmarse la Constitución en dependencias navales, no había otra enseña a mano. Un accidente histórico que, según sus críticos, ha perpetuado un diseño que "da calor" y "separa a la gente".
Quienes defienden el actual pabellón recuerdan que es la enseña de más de dos siglos de historia y que su combinación de rojo y amarillo es única. Sin embargo, las propuestas alternativas no faltan: desde eliminar el escudo monárquico hasta recuperar la histórica cruz de Borgoña, que fue el emblema de los tercios en el imperio. Algunos incluso añoran una bandera que represente a toda la hispanidad, con 600 millones de hablantes.
El debate no es nuevo, pero cada vez que la selección nacional viste de blanco —como en el último mundial— se reaviva. Se critica que la camiseta blanca no lleve los colores patrios, o que la bandera actual no haya sido elegida democráticamente. Los partidarios del cambio argumentan que una bandera debe ser un símbolo unificador, no un recuerdo de un pasado naval.
Curiosidad histórica: la cruz de Borgoña como alternativa
Antes de la rojigualda, España no tenía una bandera nacional única. La cruz de Borgoña (aspa roja sobre fondo blanco) fue el emblema más utilizado durante siglos, y aún ondea en algunas unidades militares. Para algunos, recuperarla sería volver a las raíces hispánicas y conectar con el legado del imperio. Para otros, es un paso atrás.
Por ahora, la rojigualda sigue siendo la bandera oficial. Pero la cuestión de fondo queda: si un símbolo tan básico nace de la casualidad, ¿debería revisarse de forma deliberada? Quizá la próxima vez que la selección juegue de blanco, el debate se caliente de nuevo. O no.