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Madmaxista
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Hay algo que no cuadra entre el oro y el escenario deflacionista que se prevé
Sólo ante la percepción de un incremento de la inflación -subida de precios-, el metal precioso encontraría razones para continuar su imparable revalorización. Sin embargo, la economía mundial apunta en la dirección contraria. ¿A qué se debe entonces su fuerza?
Mientras que la materias primas industriales se rinde ante el pesimismo del mercado (
A nadie sorprende que el oro se revalorice cuando la incertidumbre domina en los mercados. Tónica que ha sido la principal característica del 2010. Después de todo, el oro es el refugio por excelencia ya que se percibe como el principal activo que no pierde valor ante la depreciación de las divisas.
De hecho, se le ha llegado a considerar como el antidólar ya que, en la última década, su evolución ha sido contraria a la del billete verde en la mayoría de las ocasiones. Cuando éste último se ha revalorizado, el precio del oro ha recortado. Y cuando es el oro el que se ha revalorizado ante el incremento de la inflación -subida de precios- o la inestabilidad del mercado, el dólar ha terminado por depreciarse.
La relación no es tajante, pero suele cumplirse y sólo en un escenario de deflación -caída de los precios- el oro ha recortado en profundidad. Después de todo, la deflación supone un dólar más fuerte ante el cual, el oro pierde interés. Sin embargo, en las últimas semanas se está observando la excepción que confirma podría confirmar la regla.
Situación actual
El oro encadena ya cerca de 10 años de subida (incluyendo el actual) y en lo que va de ejercicio, se revaloriza más de un 13%. Tendencia alcista que no da señales de disminuir y que apunta al máximo histórico registrado a mediados de junio, en los 1.257 dólares la onza.
"Solamente habría ciertos indicios de agotamiento alcista si llega a caer por debajo de los 1.212 dólares, que son los mínimos del 24 de agosto. Mientras eso no suceda el oro podría seguir siendo el activo refugio por excelencia", señalan Juan José Martínez, de Bolságora.
De hecho, desde Deutsche Bank señalan que la incertidumbre continuará minando la estabilidad de los mercados, "apoyando así los elevados precios del oro en el medio plazo. De hecho, el ciclo histórico del dólar estadounidense podría sugerir la posibilidad de otro colapso de la moneda en 2011 que no se debería descartarse del todo", explican.
Posible respuesta al puzzle
La caída del dólar supondría un abaratamiento de las materias primas, incluyendo al metal precioso, pero no responde totalmente a la gran demanda que está impulsando la cotización del oro. Después de todo, en un escenario deflacionista resulta poco atractivo para invertir en el metal... al menos que se espere un incremento de la inflación, algo poco probable.
Lo único que podría explicar el comportamiento del oro es que el mercado no se crea la deflación, y que confíe en que los bancos centrales lleven a cabo nuevas actuaciones en un intento por reavivir la economía, es decir, generar inflación. Panorama en el que sí vale la pena tener oro en la cartera.
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Sólo ante la percepción de un incremento de la inflación -subida de precios-, el metal precioso encontraría razones para continuar su imparable revalorización. Sin embargo, la economía mundial apunta en la dirección contraria. ¿A qué se debe entonces su fuerza?
Mientras que la materias primas industriales se rinde ante el pesimismo del mercado (
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apuntan a una nueva recesión económica, el oro sigue su propio camino. A nadie sorprende que el oro se revalorice cuando la incertidumbre domina en los mercados. Tónica que ha sido la principal característica del 2010. Después de todo, el oro es el refugio por excelencia ya que se percibe como el principal activo que no pierde valor ante la depreciación de las divisas.
De hecho, se le ha llegado a considerar como el antidólar ya que, en la última década, su evolución ha sido contraria a la del billete verde en la mayoría de las ocasiones. Cuando éste último se ha revalorizado, el precio del oro ha recortado. Y cuando es el oro el que se ha revalorizado ante el incremento de la inflación -subida de precios- o la inestabilidad del mercado, el dólar ha terminado por depreciarse.
La relación no es tajante, pero suele cumplirse y sólo en un escenario de deflación -caída de los precios- el oro ha recortado en profundidad. Después de todo, la deflación supone un dólar más fuerte ante el cual, el oro pierde interés. Sin embargo, en las últimas semanas se está observando la excepción que confirma podría confirmar la regla.
Situación actual
El oro encadena ya cerca de 10 años de subida (incluyendo el actual) y en lo que va de ejercicio, se revaloriza más de un 13%. Tendencia alcista que no da señales de disminuir y que apunta al máximo histórico registrado a mediados de junio, en los 1.257 dólares la onza.
"Solamente habría ciertos indicios de agotamiento alcista si llega a caer por debajo de los 1.212 dólares, que son los mínimos del 24 de agosto. Mientras eso no suceda el oro podría seguir siendo el activo refugio por excelencia", señalan Juan José Martínez, de Bolságora.
De hecho, desde Deutsche Bank señalan que la incertidumbre continuará minando la estabilidad de los mercados, "apoyando así los elevados precios del oro en el medio plazo. De hecho, el ciclo histórico del dólar estadounidense podría sugerir la posibilidad de otro colapso de la moneda en 2011 que no se debería descartarse del todo", explican.
Posible respuesta al puzzle
La caída del dólar supondría un abaratamiento de las materias primas, incluyendo al metal precioso, pero no responde totalmente a la gran demanda que está impulsando la cotización del oro. Después de todo, en un escenario deflacionista resulta poco atractivo para invertir en el metal... al menos que se espere un incremento de la inflación, algo poco probable.
Lo único que podría explicar el comportamiento del oro es que el mercado no se crea la deflación, y que confíe en que los bancos centrales lleven a cabo nuevas actuaciones en un intento por reavivir la economía, es decir, generar inflación. Panorama en el que sí vale la pena tener oro en la cartera.
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