Perú al borde del colapso democrático: 651 votos deciden al presidente
Con el 99% de las actas escrutadas, la segunda vuelta electoral en Perú es un empate técnico absoluto. Entre 18 millones de votos, la candidata derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez Palomino están separados por apenas 651 votos, una diferencia de dos milésimas. Una anomalía estadística que roza lo imposible y que convierte cualquier error de conteo o impugnación en un arma capaz de voltear el resultado.
La tensión se ha disparado cuando, con menos del 1% de actas restantes, el liderato de Keiko se redujo de 759 a 595 votos en cuestión de horas. El voto en el exterior, aún no contabilizado en su totalidad, puede ser decisivo. Y mientras tanto, las denuncias de impugnaciones masivas de actas por parte del entorno de Sánchez sugieren que el desenlace se decidirá en los tribunales, no en las urnas.
Algunos análisis apuntan a que la verdadera manipulación ocurrió en la primera vuelta, donde maniobras del sistema lograron colocar a Sánchez en el balotaje pese a que los dos candidatos más votados eran de derecha. Pero en esta ronda, con un voto binario, el margen para el pucherazo es menor. Lo que no evita que el recuento sea puesto en duda: hay quien recuerda precedentes como el de las CUP en España, donde un cincuenta-cincuenta acabó en recurso.
El dato que descoloca: con 18 millones de votos, la diferencia es de 0,003%. Una cifra que convierte a Perú en el espejo de una sociedad partida exactamente por la mitad, donde ganar o perder es cuestión de unos pocos votos.
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