El mito del gran Israel y el nudo del Estrecho
¿Puede España cerrar el Estrecho a los barcos de guerra de Estados Unidos? La pregunta suena a ucronía, pero circula con fuerza en los márgenes del análisis geopolítico. Según una teoría que ha ido ganando adeptos en círculos alternativos, el proyecto de un «gran Israel» pasaría por controlar los puntos de paso del comercio mundial: Suez, Ormuz y, con Marruecos como intermediario, el Estrecho de Gibraltar. En ese esquema, España tendría la llave del tránsito de armamento hacia Tel Aviv, y su cierre pondría en jaque la logística militar de medio mundo.
El gas argelino, el verdadero campo de batalla
Pero quizá la pieza más interesante del tablero no sea el Estrecho, sino el gas. La economía española está resistiendo la crisis de precios gracias a las renovables y al gas de Argelia. El nuevo acuerdo entre Madrid y Argel para ampliar el gasoducto Medgaz, evitando Marruecos, ha encendido las alarmas. Hay quien ve en ello una jugada que amenaza los intereses de terceros –Francia, Estados Unidos– y no descarta sabotajes al estilo Nord Stream. La sombra de Ucrania sobrevuela cualquier intento de reordenar rutas energéticas.
España, que impulsó la acusación contra Netanyahu ante la Corte Penal Internacional, sigue comprando armas a Israel y mantiene las bases estadounidenses en Rota y Morón. Ese doble rasero alimenta la sospecha de que el discurso crítico es puro teatro y la entrega de soberanía, lenta pero imparable.
De momento, el cierre del Estrecho se queda para las distopías; el pulso por el gas, en cambio, es muy real. Y ahí, como siempre, quien paga es la factura de la luz.