Judíos en la Wehrmacht: la cifra que desmonta el mito
Sí, hubo judíos en el ejército nazi. Y no fueron cuatro casos aislados; la cifra que manejan los historiadores ronda los 50.000 soldados con ascendencia judía, todos clasificados como Mischlinge, un término que el Tercer Reich acuñó para designar a quienes tenían un grado parcial de sangre judía. El matiz es decisivo: no se trataba de judíos «puros», sino de personas con mezcla, a menudo con padres o abuelos alemanes considerados arios.
El concepto de Mischlinge, la obsesión racial nazi
La clasificación racial alemana dividía a estos soldados en Mischlinge de primer y segundo grado, según la proporción de ascendencia judía. Su presencia en la Wehrmacht fue tolerada durante los primeros años de la guerra, pero en 1940 el régimen ordenó retirar a todos los Mischlinge del ejército. La explicación sostenida es que la pureza racial, piedra angular de la ideología nacionalsocialista, no podía permitir que personas «contaminadas» vistieran el uniforme.
¿Y los gitanos?
La respuesta es más simple: no había ninguno. El régimen los había excluido de las filas desde el principio, y su persecución fue todavía más implacable, al no existir siquiera la categoría intermedia que permitía a algunos judíos alemanes servir en el ejército. La casuística de esa persecución, con sus decretos y campos específicos, es un material que circula con profusión entre los historiadores militares.
Un apellido incómodo: el caso Manstein
Durante la discusión histórica surge con frecuencia el nombre de Erich von Manstein, uno de los grandes estrategas de la guerra, cuyo apellido ha sido señalado en numerosas ocasiones como de origen judío. La controversia ejemplifica la contradicción fundamental de un ejército que combatía a pueblos que, según su propia lógica, habían formado parte de él.
La historia real es más gris que el blanco y negro del relato. La existencia de esos 50.000 soldados no blanquea el exterminio, pero obliga a matizar la imagen monolítica del ejército nazi. Lo que hoy parece una paradoja fue, en su día, una decisión pragmática que la burocracia racial quiso corregir a tiempo.