La muerte de Mladić reabre la guerra de relatos en los Balcanes
El exgeneral serbobosnio Ratko Mladić ha muerto en prisión a los 83 años, según las informaciones difundidas. Condenado a cadena perpetua por genocidio y crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, su fallecimiento ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿fue un héroe que defendió a su pueblo o un criminal que ordenó la matanza de miles de civiles? La respuesta, como casi siempre en los Balcanes, depende del lado del relato en el que uno haya crecido.
Un veredicto que no cierra la herida
La sentencia de La Haya fue clara: Mladić fue condenado por su papel en la masacre de Srebrenica de 1995, donde murieron unos 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes. Pero esa cifra convive con otra que los sectores más críticos con el relato oficial recuerdan: los monumentos en la República Srpska y en Belgrado listan los nombres de unos 10.000 civiles serbios que, según sus asociaciones, también fueron asesinados durante el conflicto. La guerra de Bosnia no fue unidireccional, y eso complica cualquier lectura simplista.
La responsabilidad de Holanda y la ONU
Uno de los episodios más incómodos para el relato occidental es el papel de los cascos azules holandeses en Srebrenica. Un tribunal de La Haya declaró a Países Bajos responsable de la muerte de 300 musulmanes, al considerar que sus tropas colaboraron en la deportación de hombres que luego fueron ejecutados. La sentencia señaló que el destacamento holandés actuó incorrectamente al cooperar en el traslado de los detenidos. Sin esa complicidad, se argumenta, la matanza habría sido menor. Es un matiz que los medios mainstream rara vez destacan.
El papel de la OTAN y los intereses geopolíticos
Otro de los ejes del debate es la intervención de la OTAN y la Unión Europea. Se recuerda que el bombardeo de Belgrado dejó sin luz y agua a más de un millón de personas, una acción que algunos consideran desproporcionada. Y se señala que figuras como Javier Solana, entonces secretario general de la Alianza, pasaron de discursos contra la OTAN a dirigirla. La guerra de Bosnia también fue un tablero de influencias donde Rusia y Occidente jugaban sus cartas, y eso tiñó la narrativa de buenos y malos.
El pasado de Pedro Sánchez en los Balcanes
En el plano español, hay un dato que llama la atención: Pedro Sánchez trabajó como asistente del diplomático Carlos Westendorp, Alto Representante internacional para Bosnia y Herzegovina, entre 1997 y 1999. Esa experiencia en la reconstrucción posterior a la guerra ha sido usada por algunos para explicar su posterior deriva política, aunque otros lo consideran una simple coincidencia curricular. Lo cierto es que el conflicto balcánico dejó una huella en la generación de políticos europeos que luego gestionaron crisis similares.
Un legado que no se cierra
La muerte de Mladić no resuelve la disputa sobre lo que ocurrió en los años 90. Los que lo consideran un héroe destacan que defendió a los serbios de Bosnia de las incursiones de milicias bosnias, como la masacre de Kravica en 1993, durante la Navidad ortodoxa. Los que lo ven como un verdugo recuerdan los campos de violación y la ejecución sistemática de civiles. Entre ambos extremos, hay quien sostiene que la guerra fue una cadena de atrocidades mutuas donde todos los bandos cometieron crímenes, y que la justicia internacional solo juzgó a los perdedores. El análisis se atasca ahí: sin un reconocimiento mutuo del sufrimiento, la reconciliación seguirá siendo una asignatura pendiente.