El bulo de la muerte de Soros: 28-D, medios y redes
¿Se puede matar a George Soros con un tuit? Cada 28 de diciembre alguien lo intenta. El filántropo y especulador húngaro-estadounidense, nacido en Budapest en 1930 en una familia judía cuyo padre era escritor de esperanto, volvió a ser enterrado en redes sin que ningún medio serio lo confirmara. La coincidencia con el Día de los Inocentes hizo el resto: la noticia circuló como cierta durante horas y dejó un reguero de reacciones que van del champán en la nevera al «ya lo he visto muchas veces».
Qué pasó con la noticia de la muerte de Soros
El origen es el de siempre: un mensaje que asegura que la noticia «está saliendo en varios medios» y que se replica sin verificar.
La fecha, 28 de diciembre, es la primera pista de que algo no cuadra. La segunda, que ningún medio de referencia confirmó el fallecimiento. Según un mensaje del hilo, Soros tuvo que salir a desmentir su propia muerte, un trámite que ya forma parte de su rutina anual.
El patrón se repite con puntualidad de reloj suizo. Hay quien recuerda que este mismo bulo ha circulado en otras ocasiones, y que comparte cartel con otro clásico: el de la dimisión inminente de Pedro Sánchez, que reaparece cada pocas semanas. La diferencia es que el de Soros tiene fecha fija en el calendario.
Por qué el 28 de diciembre se cree cualquier cosa
El Día de los Inocentes funciona como coartada perfecta. Quien lanza el bulo se cubre con el «es broma» y quien lo comparte se cubre con el «me lo han dicho». En el caso de Soros, además, hay un factor adicional:
una parte del público desea que la noticia sea verdad. Eso acelera la difusión más que cualquier campaña de desinformación.
La reacción mayoritaria oscila entre la broma y el deseo. Hay quien saca la botella, quien pone el champán en la nevera y quien lamenta que no sea cierto. También aparece la postura opuesta: quien recuerda que no se debe jugar con la muerte de nadie, aunque se trate de una figura pública controvertida. La discusión deriva pronto hacia el personaje y su biografía.
Quién es George Soros y por qué genera tanta animadversión
Soros nació en Budapest en 1930, en una familia judía. Su padre era escritor de esperanto, un detalle que aparece en las reseñas biográficas que circularon con el bulo. Sobrevivió a la ocupación nazi de Hungría y emigró después a Estados Unidos, donde construyó una de las carreras más rentables de la historia de los fondos de inversión.
Su figura concentra dos etiquetas que rara vez conviven:
filántropo y especulador. Financia fundaciones dedicadas a la sociedad civil y la educación, y a la vez protagonizó operaciones que tumbaron divisas. Esa combinación le ha granjeado enemigos en varios gobiernos, incluido el húngaro, que le ha prohibido la entrada a su propio país de nacimiento. También en Israel, según las versiones que circulan, estaría considerado persona non grata.
El hijo heredero y la cuestión sucesoria
El bulo reabre cada año el debate sobre la sucesión.
Su hijo aparece como heredero de la saga y de la red de fundaciones. Hay quien sostiene que el legado continuará por el mismo camino y quien opina lo contrario, señalando diferencias de perfil entre padre e hijo. La discusión, en cualquier caso, no pasa de especulación.
La expectativa sucesoria alimenta también las teorías más peregrinas. Se ha llegado a sugerir que Soros podría tener un gemelo o un clon, o que su conciencia sería transferible a otro cuerpo. Son ocurrencias sin ningún respaldo, del mismo género que las que acompañan a cualquier figura longeva y polarizante.
Soros y el calendario: una muerte que nunca llega
La conclusión es la de siempre:
Soros sigue vivo. El bulo se desinfla, pero deja un poso interesante. La noticia falsa funciona como termómetro del odio acumulado hacia el personaje: cuanto más se desea una muerte, más rápido corre el rumor. Y el 28 de diciembre le pone fecha.
Lo llamativo no es que se difunda, sino que se difunda cada año con la misma credulidad. El Día de los Inocentes existe precisamente para esto. Lo que no existe es un mecanismo que impida que el año que viene vuelva a pasar. El año que viene, puntual, volverá.