Irán ya ha ganado la guerra asimétrica: el coste que EE.UU. no puede pagar
La guerra que comenzó el 28 de febrero no se decidirá en el campo de batalla convencional, sino en los balances energéticos y la voluntad de resistencia. Irán ha transformado una ofensiva punitiva en un conflicto de desgaste donde la asimetría juega a favor del que resiste. Los objetivos de Washington —derrocar al régimen o forzar una rendición— han fracasado. La conclusión que emerge de los análisis es sólida: Irán puede ganar sin infligir una derrota militar clásica, simplemente haciendo que el coste de la agresión supere cualquier beneficio.
La estrategia del desgaste
EE.UU. e Israel apostaron por una campaña relámpago, pero se encontraron con un país preparado para resistir. Mientras que en Vietnam tardaron 3 años en retirarse, en Afganistán 20, y en Irak (invadido en 2003) la ocupación se alargó décadas, ahora la incapacidad de poner tropas sobre el terreno es total. La economía mundial no puede soportar largos periodos de disrupción en los suministros. Cada día que pasa, el coste para la coalición occidental crece, mientras Irán mantiene su capacidad de producción y abastecimiento —incluso agua del Mar Caspio, que con tratamiento mínimo es potable.
El petróleo como campo de batalla
EE.UU. obtiene beneficios del petróleo caro, pero también joroba a China y destroza a Europa. Sin embargo, la estrategia se vuelve contraproducente cuando las monarquías del Golfo, calculando que el paraguas estadounidense ya no sirve, negocian en secreto con Teherán y Pekín la nueva arquitectura energética. Israel ha recibido misiles sobre sus refinerías, y Arabia Saudí y Emiratos miran hacia otro lado. La amenaza de bloquear el Estrecho de Ormuz, que Trump baraja, es un movimiento desesperado que solo encarecería aún más la energía y enfrentaría a China, India, Japón y Corea del Sur contra EE.UU.
El colapso militar de Israel y la escalada nuclear
Al trigésimo día de guerra, el ejército israelí está colapsado, según su propio Estado Mayor. Rusia ha elevado la temperatura nuclear, y Washington se debate entre salvar la cara y la imposibilidad de ganar. El ataque masivo con drones al portaaviones USS Gerald R. Ford, que según Trump fue atacado desde 17 ángulos, dejó al buque fuera de combate y obligó a retirarlo al Mediterráneo. Cada hundimiento de un buque estadounidense es una humillación que acelera el desgaste político interno.
¿Y ahora qué?
Irán no busca una rendición formal, sino la victoria por agotamiento del adversario. La no derrota es ya una victoria. EE.UU. e Israel se lo jugaron todo a una carta y fallaron. Los saudíes y emiratíes ya negocian con Teherán, y la influencia estadounidense en el Golfo se desvanece. Mientras, China despliega su armada para proteger sus petroleros. El imperio norteamericano, como se ha dicho, está viendo su fin en directo. La guerra asimétrica tiene un ganador claro: Irán.
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