Lufthansa cancela 20.000 vuelos: ¿ahorro o falta de combustible?
Lufthansa ha cancelado 20.000 vuelos hasta octubre de 2026. La cifra suena apocalíptica, pero representa apenas un 0,3% de sus operaciones. Sin embargo, detrás del anuncio oficial de ahorro de combustible se esconde una realidad más cruda: el cierre del Estrecho de Ormuz está estrangulando el suministro de queroseno en Europa.
La crisis de Ormuz y el efecto dominó
La AIE ya ha advertido que si Europa solo reemplaza el 50% de los suministros perdidos, las reservas de destilados caerán por debajo del nivel de seguridad de 23 días en junio. Las existencias en el hub ARA han caído un 8% en la última semana, y las importaciones de combustible para aviones en abril se estiman en solo 275.000 barriles diarios. El problema no es de demanda, sino de oferta física: no se puede imprimir queroseno. La cascada de rescates financieros perdería eficacia, y el sector aéreo es solo la primera ficha de un dominó que podría alcanzar a transportistas, agricultores e industrias.
Las cuentas de Lufthansa: ¿excusa o estrategia?
No todos ven una catástrofe. Algunos análisis señalan que 20.000 vuelos en siete meses no son gran cosa para un grupo que opera 1.800 vuelos diarios. La cifra equivale a unos diez días de operación. Lufthansa estaría aprovechando la coyuntura para cancelar rutas no rentables, reducir frecuencias y reasignar aviones a trayectos más lucrativos. La liquidación de su filial regional CityLine y la retirada de 27 aviones antiguos apuntan a una reestructuración más que a una quiebra. Además, la aerolínea presiona a Bruselas para que la crisis de Ormuz sea declarada "circunstancia extraordinaria", evitando indemnizaciones de hasta 600 euros por pasajero.
El fin de la era del despilfarro
Otra corriente apunta a que lo que hemos vivido las últimas décadas ha sido un despilfarro energético insostenible. Volar a cualquier parte por cuatro duros no era normal. El pulso con la naturaleza se paga caro, o más bien justo. España, que ha basado su modelo turístico en la llegada masiva de visitantes, se juega su economía si el combustible escasea. Las compañías como Repsol, Moeve y BP garantizan el suministro hasta antes del verano, pero a partir de ahí el futuro es incierto.
La pregunta que queda en el aire es si el resto de aerolíneas seguirán el mismo camino. Con las reservas de combustible en mínimos y la temporada de verano a la vuelta de la esquina, el sector aéreo europeo se prepara para una tormenta perfecta. Y los pasajeros, para pagar el pato.
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