Alerta por un supuesto plan de golpe de estado en EEUU
A menos de una semana de las
elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, circula por redes y foros un relato que describe paso a paso cómo Donald Trump intentaría perpetuarse en el poder si los republicanos pierden. El texto, difundido como advertencia ciudadana, sostiene que Trump anunciará un fraude masivo, llamará a sus partidarios a asaltar sedes del país, y que el FBI intervendrá para confiscar papeletas y máquinas de votación, impidiendo certificar los resultados. La secuencia culminaría, según esta versión, con la cancelación de resultados en los lugares donde pierdan los republicanos, nuevas votaciones, protestas masivas, invocación de la ley de insurrección y despliegue militar para reprimirlas. El 3 de enero de 2027, el nuevo Congreso negaría el acceso a los demócratas electos, completando el golpe.
El precedente del 6 de enero de 2021
El relato se apoya en un hecho verificable: el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, cuando Trump ya declaró un supuesto fraude y llamó a sus seguidores a tomar las calles. «Esta vez volverá a intentar exactamente lo mismo si se le deja, lo hará mejor y contando con más recursos de su parte», señala el texto. La advertencia incluye una recomendación explícita: prepararse para cualquier escenario, «incluso el de una guerra civil». La comparación con Rusia cierra el argumento: Trump seguiría el ejemplo de Putin para convertir el país en una dictadura.
¿Qué se sabe del estado de sitio que se atribuye a Trump?
En el intercambio de mensajes aparece una línea de análisis distinta, centrada en un supuesto plan para decretar el estado de sitio en noviembre. «Decretar el estado de sitio en Noviembre para quedarse de presidente sin cortes, no hacer elecciones y que todo lo valide la diputación permanente», resume uno de los intervinientes. No hay en el material ninguna fuente que respalde esta versión, ni documento, ni declaración pública. Se trata de una hipótesis que circula sin verificación y que el propio texto inicial no menciona. La ausencia de pruebas no impide que la idea se instale en la conversación como si fuera un hecho conocido.
El precedente español como espejo
La comparación con España surge de inmediato. Un participante ironiza: «Anda, igual que Pedro Sánchez…». La respuesta no se hace esperar y describe un escenario distinto: «Aquí el perro roba las elecciones y se convoca la manifa un mes después, solo van viejos, a la hora se encuentran una manifa antifascista x4 de grande que va a por ellos y acaba la policía de Marlaska cargando contra los viejos». El intercambio deriva hacia la burla mutua sobre qué país es más dictatorial, con acusaciones cruzadas de «dictadura bolivariana» y de golpismo. La discusión pierde foco y se convierte en un rifirrafe sobre cuál de las dos democracias está más degradada.
Guerra civil: el escenario que nadie descarta
La posibilidad de un conflicto armado interno aparece en varios mensajes. «Mejor que acaben en guerra civil, los gringos necesitan saber lo que es una guerra, pero en su propio pais», escribe un interviniente. Otro responde con una mezcla de resignación y ajuste de cuentas histórico: «Pues ni tan mal, así tendrían un poco de lo que ellos mismos han provocado en tantos países del mundo». No hay en el material ningún análisis sobre probabilidades, cifras de apoyo social o capacidad militar de los bandos. Solo la constatación de que, si el ejército o milicias salen a la calle a reprimir manifestantes, «o termina todo ahí o se van a la guerra civil».
El asalto a la casa de una congresista como señal
Un mensaje aporta un dato concreto que no aparece en el texto inicial: «ya allano la casa de la congresista Somali». La referencia, sin más contexto, se lanza como prueba de que el escenario descrito ya está en marcha. El mismo interviniente añade: «Se puede lanzar una de dictador bananero acusar a la oposición de conspiración para hacer encarcelaciones masivas». La conversación no verifica el allanamiento ni aporta fuente, pero lo utiliza para reforzar la tesis del golpe en curso. La mención a la congresista de origen somalí se hace sin nombrarla y sin más detalles.
El punto exacto donde el análisis se atasca
La discusión no avanza más allá de la especulación. No hay documentos, filtraciones, declaraciones de cargos republicanos ni resoluciones judiciales que respalden la secuencia descrita. El material se limita a encadenar hipótesis sobre lo que podría ocurrir a partir del 3 de noviembre, con el precedente del Capitolio como único anclaje real. La pregunta sobre si el FBI actuaría para confiscar papeletas, si Mike Johnson negaría el acceso a los demócratas electos o si Trump invocaría la ley de insurrección queda sin respuesta. El relato se sostiene sobre la desconfianza en las instituciones y el temor a que la historia se repita. Nada más. Y con eso, de momento, toca esperar al 3 de noviembre.